Tecnología móvil, relaciones de género y vida en pareja

¿Podríamos ser capaces de dejarnos nuestro teléfono móvil en casa y no echarlo de menos en absoluto? ¿Controlamos las nuevas tecnologías o son ellas quienes nos controlan a nosotros? Sin obviar ni olvidar las interminables ventajas que tienen estas herramientas, como ocurre con todo, el mal uso de las mismas puede tener consecuencias negativas para nosotros mismos y para quienes nos rodean.

Nuevas tecnologías, modernidad y cambio de hábitos

Qué influencias tienen las tecnologías y redes sociales sobre nuestra vida cotidiana

Las nuevas tecnologías viven en primera persona nuestro día a día. Imagen by Edar

Las nuevas tecnologías han cambiado nuestra forma de concebir el mundo. Autores contemporáneos como Hannah Arendt o Jürgen Habermas, hacen un repaso por la distinción entre la esfera pública y la privada desde los griegos. Si bien es cierto que Habermas más allá que Arendt, hablando de los medios de comunicación de masas (prensa, radio y televisión) aunque no tanto de la imprenta, esto podría quedarse obsoleto si miramos los instrumentos con los que, a día de hoy, contamos.

Nuestro día a día ha cambiado gracias a las nuevas tecnologías. Los jóvenes prácticamente se han criado con estos instrumentos, pero todavía hay muchas personas que, hasta ahora, habían vivido sin tecnología móvil. Las personas de entre veinte o treinta años, como es mi caso, han vivido este proceso muy rápido. Sin darte cuenta, tus amigos/as dejan de llamar a tu telefonillo, y en los recreos ya no se habla del programa de televisión anterior, sino los “toques” que el chico de la otra clase le ha dado a mi compañera. Llega un momento en el que no te sientes plenamente integrado en un grupo hasta que tienes un móvil. Además, en aquel entonces aparecieron otros métodos de mensajería instantánea, como el Messenger.

Telefonía móvil, identidad y relaciones personales

El ser humano está conectado 24h a través de sus redes sociales

Relaciones personales y usos de las nuevas tecnologías – Imagen by Geralt

Con el paso del tiempo, la tecnología móvil se ha perfeccionado, modernizado y extendido a, prácticamente, toda la población, hasta el punto de que hay quien no puede salir de casa sin su teléfono móvil, o que tiene más de uno. Las ofertas de las grandes compañías telefónicas alimentan nuestra necesidad de estar localizados en todo momento. Actualmente, incluso, contamos con acceso a Internet en el móvil, lo que nos permite tener una fuente de información y de contacto en cualquier parte. Pero si hay algo que, sin duda, ha revolucionado la tecnología móvil, es la aplicación WhatsApp, un chat que ha facilitado y abaratado notablemente las relaciones cibernéticas con nuestros teléfonos de contacto.

Toda esta tecnología facilita que nosotros/as podamos crear un personaje, un avatar, que puede ser totalmente distinto a la “careta” que mostramos al mundo cuando nos relacionamos cara a cara con otros individuos. Me pregunto qué diría Goffman si hubiera podido conocer los últimos avances del ser humano. El avatar te permite poner la frase que consideres oportuna para, por decirlo de alguna forma, “representarte” ante los demás, con la posibilidad de expresarte mediante emoticonos que muestren tus emociones o tu estado de ánimo sin necesidad del importante componente visual. También te permite la opción de poner una foto, y de cambiarla siempre que quieras, algo muy representativo. Es interesante, además, cómo ha cambiado la concepción de la autofoto (más conocida actualmente como selfie) y las distintas redes sociales donde se puede ver este fenómeno que dista mucho del antiguo autorretrato.

Tecnología y relaciones de género: Enemigos íntimos

Esto ha influido sobre todo en las parejas. Ya no solo el hecho de que gracias a las nuevas comunicaciones se tienen más facilidades a la hora de mantener una relación a distancia, sino que también puede llegar a iniciarse sin haberse producido contacto físico alguno, algo que ya podía producirse cuando el modo de mensajería era la carta, pero que, sin duda, tiene más importancia en la era digital. Eso es algo positivo, pero esto también tiene sus contras, pues un estudio elaborado por CyberPsychology and behaviour Journal revela que el WhatsApp podría ser el principal causante de la ruptura de 28 millones de parejas. El WhatsApp, en sí mismo, ha sido ideado para facilitar la comunicación entre personas, no obstante, también puede llegar a producir celos y desconfianza debido a que, ahora, estamos conectados unos/s con otros/as, y también localizados las 24 horas del día.

Nuestra relación de pareja puede verse afectada por el móvil

Las nuevas tecnologías influyen en nuestras relaciones de pareja – Imagen by Kpgolfpro

Aquí influyen mucho también las relaciones de género. Por ejemplo, existen tópicos y estereotipos muy extendidos, de que las mujeres tienden a hablar más que los hombres por teléfono, que se muestran menos receptivos a mantener una conversación telefónica extensa. Esto puede producir discusiones, pues quien incita a la conversación puede pensar que el otro, el que la rechaza, no tiene interés en escuchar sus problemas. Al contrario, el que la rechaza también puede pensar que el otro no tiene en cuenta las circunstancias que han llevado a que, en un determinado momento, no se quiera o se pueda mantener una conversación telefónica. Otro estereotipo sería el de que los hombres utilizan más los juegos y las discusiones que puede acarrear que tu pareja esté jugando con el teléfono móvil mientras tú pretendes mantener una conversación.

Pero esto es una reflexión banal que necesita, al menos, un mínimo de profundización. Uno de los principales problemas en la relación entre las parejas y la telefonía móvil, es el dilema del ámbito privado y el ámbito público. ¿Es bueno que mi pareja sepa mi contraseña, mi PIN, mi código de desbloqueo…? Está muy extendida la idea de que, si tu pareja no te deja mirar su móvil, te está engañando, tiene algo que ocultar, o bien no tiene la suficiente confianza contigo como para compartir el contenido del mismo. Pero es que, a pesar de haber decidido compartir cosas con otra persona y mantener una relación de pareja, siempre debería prevalecer la independencia de los individuos, y esto es algo que, con las nuevas tecnologías, está quedando del todo desdibujado. Coger sin su permiso el móvil de tu pareja para leer sus conversaciones, sus mensajes, ver sus llamadas o comprobar sus fotografías, es un síntoma de desconfianza grave en la pareja, que puede acabar con la relación, o bien debilitarla gravemente.

Esto también puede dar lugar a mal entendidos, sobre todo en las conversaciones. Esto se debe a que, ante la ausencia del lenguaje no verbal, muy importante a la hora de mantener una conversación, lo que en una conversación cara a cara sería fácil de entender y de transmitir la intención con la que se envía un mensaje, mediante un mensaje de texto o un WhatsApp no quedaría tan claro, y comentarios completamente bienintencionados podrían convertirse y, de hecho, se convierten, en el inicio de una discusión entre una o varias personas.

Las llamadas de la pareja también pueden ocasionar una serie de problemas en ambientes ajenos a ella como, por ejemplo, el trabajo. Teóricamente, la pareja debería saber los horarios que el otro tiene para hablar, y los que no. En ocasiones, una de las partes no respeta este espacio y llama, desobedeciendo esa norma y produciendo malestar del otro, y, en ocasiones, otras consecuencias mucho más negativas que pueden acarrear problemas laborales. En contraposición con esto, también está el que no llama nunca por miedo a que el otro se agobie y le dé una mala contestación. Estereotípicamente, y desconozco de hasta qué punto es esto cierto, la mujer se ubicaría en esa posición de sumisión, de ser quien acata las normas, y no quien las elabora, y la que teme dar un paso que enfurezca a su pareja.

El mal uso que se le hace al Whatsapp puede generar tensión, celos, excesivo control y malas formas con tu pareja

Whatsapp: Herramienta de comunicación y también de control sobre la pareja – Imagen By Natalia Clikka

También, dicen, son las mujeres quienes necesitan constantemente la aprobación de la pareja para realizar algo, no por no poder tomar una decisión por ellas mismas, sino por esa sensación de dependencia, la mayoría de veces inconscientemente heredada, esa inseguridad irracional que hace que esta se calme cuando su pareja da el visto bueno a algo. Esa inseguridad también hace que muchas de las llamadas que las mujeres hacen a su pareja sean, simple y únicamente, para decirle que le quieren, o bien para que él las diga algo agradable que las haga sentirse arropadas y queridas también.

Evidentemente, estos estereotipos o algunas realidades con respecto al género de las personas, son fruto de la socialización. Pues, desde que nacemos, nuestros genitales le indican automáticamente al médico qué género nos es asignado y, de no ser así, son los padres quienes toman esta decisión. Tras esto, el niño/a es educado bajo unos valores tradicionalmente masculinos o tradicionalmente femeninos, dependiendo del sexo del mismo, y no del género. Por ello, de producirse este tipo de actitudes más características en un sexo que en otro, no es un factor biológico, sino más bien social.

Sin duda, lo más complicado de este tema es que, aunque tengamos vivencias pasadas que nos sirvan como referencia para lo que ocurra en el presente, los rápidos y bruscos cambios que estamos viviendo nos impiden tomar algo como referencia, pues nunca se vio nada parecido a lo que está sucediendo en este nuevo siglo, ni con las nuevas tecnologías, ni tampoco como el papel que están tomando las mujeres, aunque su avance hacia la igualdad y la socialización diferenciada entre hombres y mujeres vaya muy lentamente. Es papel de los sociólogos, pues, estudiar estos fenómenos, y tratar de dar respuesta a tantos enigmas que nos rodean.

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