Sócrates y los socráticos menores

Tras el fallecimiento del filósofo Sócrates varios de sus alumnos fundaron sus propias escuelas, cada una de ellas fundamentada en una específica faceta del pensamiento del maestro.

El concepto de “escuelas socráticas menores” no debe motivarnos a creer que Sócrates haya fundado alguna de estas escuelas. El creador de la mayéutica se daba cuenta que había personas interesadas en sus enseñanzas, pero decidió no legar doctrina alguna a sus seguidores, ningún corpus o sistema de su pensamiento. Para él la filosofía era una búsqueda permanente y una pasión por el cuestionamiento y no una anquilosante comodidad intelectual.

Interpretando a Sócrates

Sin embargo varios de sus alumnos, tras la muerte de Sócrates, decidieron ponderar ciertas facetas de sus enseñanzas y derivaron de ellos sendas escuelas filosóficas, orientadas a direcciones de reflexión bien precisas. Para lograr su objetivo inclusive mezclaron las lecciones socráticas con otras fuentes bastante diferentes. Esos pensadores, aun sin la importancia que llegó a tener Platón, el más brillante discípulo de Sócrates, llegaron a ser parte vital de la vida cultural ateniense de la antigüedad. Muy a su modo lograron valiosos aportes para la evolución del pensar filosófico.

Los cirenaicos y su filosofía

Uno de los discípulos más fieles de Sócrates, Arístipo de Cirene, tras la muerte de su maestro, volvió a su sitio de nacimiento y allí abrió una escuela filosófica: la de los cirenaicos. Pero en contraste con lo que hacía Sócrates, Arístipo sí cobraba por sus enseñanzas. Para la filosofía cirenaica las sensaciones subjetivas deben tomarse como fundamento para la conducta práctica. Si esta última se encuentra determinada por las sensaciones individuales, el objetivo del comportamiento individual debe de ser la vivencia de las más placenteras sensaciones.

El pensar de Arístipo

Por otra parte, para Arístipo el sentir está relacionado con el movimiento: si este es suave, la sensación derivada será sumamente grata; si es brusco, la sensación no será placentera, y si el movimiento no es muy perceptible, entonces no se experimentará ni dolor, ni placer. De tal modo que si Sócrates había explicado que la virtud es el único camino para llegar a la felicidad, Arístipo y los cirenaicos vincularon este objetivo ético con el placer y un placer más corporal que intelectual, por tratarse de una experiencia más poderosa y extrema.

Sin embargo, siguiendo con Arístipo, hedonista radical, el sabio cirenaico debe considerar el porvenir en su búsqueda de la dicha y el placer. Por lo tanto tratará de evitar los excesos y desmesuras que le lleven al sufrimiento y las consecuencias negativas de sus acciones.

La Escuela Megárica y su filosofía

Quien fundó esta escuela fue Euclides de Megara, un filósofo que se había interesado primero por las enseñanzas de los eleatas, influidos por Parménides, y luego por la ética socrática. Euclides tomó esta última como base para crear una particular filosofía en la cual el Uno y el bien son equivalentes. Desde su perspectiva la virtud era la unidad y lo Uno se identificaba con Dios y la razón. Euclides consideraba que no existía principio que fuera opuesto al bien, ya que un principio de esta clase implicaría la multiplicidad, la cual era algo falaz, desde los postulados de la filosofía de los eleatas.

Estiplón y el pensar megárico

De modo que las enseñanzas megáricas se presentaban como una suerte de erística, con diferentes argumentos desarrollados para refutar las tesis de filosofías rivales, buscando reducirlas al más patente absurdo. Uno de los filósofos megáricos más destacados fue Estiplón, quien se ocupó principalmente de cuestiones éticas. Este pensador reflexionó acerca de la autosuficencia y elaboró una singular teoría de la apatía.

Cuando alguien le preguntó a Estiplón qué había perdido durante un saqueo militar que había sufrido la ciudad de Megara, el filósofo respondió que él no había visto a soldado alguno llevarse sus conocimientos y su sabiduría. El discípulo más avezado de Estiplón fue el más conocido Zenón, gran exponente de la filosofía estoica.

La escuela de Elis y la de Eretria

Otras sobresalientes escuelas filosóficas fundadas por socráticos menores fueron la de los cínicos, encabezada por Antístenes y Diógenes “el Perro”, la de Elis y la de Eretria. Esta última fue impulsada por Fedón, uno de los discípulos más cercanos de Sócrates y cuyo nombre sirve de título a uno de los diálogos platónicos más famosos, dedicado al alma y su esencia inmortal. Tras fallecer Sócrates Fedón regresó a Elis y abrió una escuela cuyas enseñanzas se orientaban a identificar el bien y el ser, en una perspectiva parecida a la de la Escuela Megárica.

Cambio de sede, no de visión

Tras la muerte de Fedón, se hizo cargo de la escuela Plistano de Elis y posteriormente Menedemo de Eretria- también formado con los filósofos megáricos- y Asclepíades. Menedemo fue quien decidió trasladar esta escuela de Elis a Eretria, si bien sus enseñanzas no cambiaron notablemente por ello.

De manera general esta corriente socrática menor trató de desarrollar las enseñanzas morales del creador de la mayéutica, principalmente en cuestiones de tipo moral y cívico. No existen muchas fuentes de información acerca de la filosofía cultivada en Elis y Eretria y solo puede afirmarse que identificaron lo bueno con lo verdadero y la virtud con la verdad.

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