Leísmo, loísmo y laísmo: uso de los pronombres le, lo y la

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Se llama leísmo, loísmo y laísmo a la utilización desviada de la norma de los pronombres átonos de tercera persona le/les, lo/los y la/las. En este artículo te explicamos cómo aprender a usarlos correctamente y cuáles son sus funciones.

Entre las muchas palabras que utilizamos a diario se encuentran los pronombres átonos le, lo, la, les, los y las. Las usamos todos los días, tanto en el lenguaje oral como en el escrito, pero no hay clara conciencia de su función precisa, ni de la relación que tienen con los otros elementos de la oración.

Para ver claramente en qué consiste el error, primero tenemos que saber cuáles son las funciones de los pronombres y qué son los complementos directo e indirecto.

Funciones de los pronombres como complemento directo y complemento indirecto

Complemento directoComplemento indirecto
Singularlolale (se)
Pluralloslasles (se)

 ¿Qué es el complemento u objeto directo?

Cuando el verbo de la oración es transitivo, el objeto se llama directo, y responde a las preguntas ¿qué?, si es cosa, o ¿a quién?, si es persona. Por ejemplo: el niño pateó (¿qué pateó?) la pelota; el niño la (complemento directo) pateó. El boxeador golpeó (¿a quién golpeó?) a su contrincante; el boxeador lo golpeó.

 ¿Qué es el complemento u objeto indirecto?

El objeto indirecto es el término sobre el cual recae indirectamente la acción del verbo y responde a las preguntas a quién o para quién. Por ejemplo: la muchacha presentó su novio a su padre (¿a quién?); la muchacha le presentó a su novio (a su padre → objeto indirecto).

Leísmo: uso incorrecto de los pronombres le/les

El leísmo consiste en el uso de los pronombres le/les como objeto directo, en lugar de lo/los/la/las, que son las formas que corresponden a dicha función. Existen tres tipos de leísmo: leísmo de cosa (1), leísmo de persona femenina (2) y leísmo de persona masculina (3).

(1) El coche le dejé en la calle.

(2) A Carmen le llamaron sus amigos.

(3) A Juan le castigaron en el colegio.

Respecto al último ejemplo de leísmo (3), la Real Academia Española ha autorizado su uso dada la gran difusión en ciertas zonas de España de la forma le cuando el referente es un hombre, pero solo para el masculino singular en función de complemento directo de persona:

¿Has visto a Pedro? Sí, le vi ayer en la plaza.

Loísmo: cuando el pronombre lo se usa con función equivocada

El loísmo es el uso incorrecto de los pronombres lo/los en función de complemento indirecto, en lugar de le/les. Por ejemplo en la oración: A Carlos no lo gustó mucho el partido, ese pronombre lo como objeto indirecto está mal usado; lo correcto es decir A Carlos no le gustó mucho el partido. En este caso es loísmo referido a una cosa, pero también puede ser loísmo de persona: No lo dijeron nada a Juan, en lugar de la forma correcta No le dijeron nada a Juan.

Laísmo: mal uso de los pronombres la/las

El laísmo es un fenómeno paralelo al loísmo y consiste en el uso inapropiado de la/las como complemento indirecto, en lugar de le/les. Puede ser también de cosa o de persona:

A Irene la gusta mucho leer; pero como se trata de un complemento indirecto debería decirse A Irene le gusta mucho leer. Un ejemplo de laísmo de cosa sería: No la pegues más a la pelota, en lugar de la forma correcta No le pegues más a la pelota.

Los fenómenos de leísmo, laísmo y loísmo tendrían su origen en una época temprana evolución del castellano de la  cuando existía la tendencia, heredada del latín, de diferenciar por un lado el masculino y femenino, y por el otro persona y cosa; en lugar de distinguir las funciones gramaticales de objeto directo y objeto indirecto.

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