Laura Villadiego presenta su libro y proyecto Carro de combate

Laura Villadiego nos habla de “Carro de combate” libro escrito con Nazaret Castro, donde nos muestra el lado oscuro de muchos productos de consumo diario.

Carro de Batalla novela

Laura Villadiego en el escritorio de su casa, nos muestra el libro “Carro de Combate”

Laura Villadiego es licenciada en Periodismo y en Ciencias Políticas formada en Madrid y en París. Su experiencia laboral la inició en España y Bruselas. Decidió ampliar aún más su visión del mundo y se aventuró a una cultura muy diferente a la occidental yéndose a Camboya, país en el que vivió dos años y medio colaborando para diversos medios impresos y digitales como Efe, el Diario Público, Suite101.net y Foreign Policy. Ahora vive en Tahilandia desde donde informa sobre lo que acontece en el Sudeste Asiático.
Laura Villadiego también es una periodista de investigación excelente y comprometida con el futuro medioambiental y de los derechos humanos. Inquietud que ha canalizado de forma muy acertada como cofundadora de “Carro de Combate” junto a Nazaret Castro el 1 de mayo de 2012.

Sobre “Carro de combate” y algunos otros temas centraremos nuestra conversación con Laura Villadiego.

¿En su caso, si se puede achacar esa calificación un tanto demagógica, el de uno de esos jóvenes españoles que emigró por una inquietud aventurera y de búsqueda de conocimiento o fue la falta de trabajo desde aquí la que la movió o ambas?
Yo emigré porque quería emigrar; porque quería conocer otros países y otras formas de ver las cosas. La situación económica y laboral en España fue completamente ajena a mi decisión. Además yo era muy consciente de que, aunque me fuera, mi situación laboral dependería en buena parte de la situación en España, puesto que los periodistas como yo generalmente vendemos nuestras piezas a medios españoles. Así que nosotros también tenemos una situación laboral bastante precaria que, en mi caso, me ha llevado a trabajar cada vez más a menudo en inglés.
Usted y su compañera Nazaret Castro empezaron un proyecto entre ambas de forma humilde que cada vez ha ido tomando más relevancia y se han unido más personas y hoy por hoy empieza a ser una referencia en este campo. ¿Qué fin exactamente tiene este proyecto?
Nuestro objetivo principal era trasladar al lector aquella realidad con la que nos habíamos topado cuando cada una viajó a una punta diferente del planeta – Nazaret a Brasil y yo a Camboya – en donde veíamos la deplorable situación en la que se fabricaban muchas de las cosas que nosotras siempre habíamos consumido. Pero queríamos dar un paso más. A menudo se pueden leer artículos sobre las condiciones de las fábricas en tal o cual sitio, las expropiaciones en ciertos países, o los impactos medioambientales de ciertas industrias. Pero rara vez se traza la cadena completa de producción para que el lector pueda realmente entender cuál es el camino que ese producto ha recorrido hasta llegar a sus manos. Nosotras, al estar en puntos geográficos diferentes, podíamos unir fuerzas e intentar llenar ese hueco.
Empezaron con un libro de investigación titulado “Amarga dulzura”  en el que hablaban sobre la producción del azúcar y las repercusiones ecológicas y ético-laborales de este producto. El nuevo trabajo se centró en los productos de consumo cotidiano que en la cesta de la compra cualquier familia media suele adquirir. Este libro con el mismo título que la asociación “Carro de combate” y con un subtítulo que es una declaración de principios “consumir es un acto político”. ¿Realmente tiene tanto poder el consumidor como para hacer estos cambios de forma determinante?
El consumidor es un ciudadano y, como tal, debería ser el centro de las decisiones sociales y políticas. Por tanto, sin duda, el poder debería recaer en él. Ya hemos visto que a menudo no es así, por lo que debemos intentar valernos de todas las herramientas que estén a nuestro alcance para ejercer ese poder. Y a veces se nos olvida que el consumo es una de ellas. No es la única, pero tampoco es baladí, porque, al final, la mayor parte de las decisiones políticas se toman por intereses económicos. Así que sí, yo creo que el consumo es una herramienta poderosa pero es complicada porque requiere de una acción colectiva que aparentemente no es colectiva, porque la ejercemos cada uno en nuestra individualidad cuando estamos en el punto de venta.

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Entonces quizás lo que falta es más información y ahí es donde entra la “Asociación Carro de combate” ¿Cree que se está consiguiendo concienciar a más personas o sólo compran estos libros o producto quien ya lo está?
Creo que hay mayor concienciación, pero generalmente esta concienciación o, más bien, las dudas, las preguntas, llegan a través de otras experiencias. La crisis y la injusticia percibida sobre el enriquecimiento de ciertas capas de la sociedad ha sido una de ellas. Para otros es un viaje o la lectura de un artículo. Probablemente la mayoría de las personas que lleguen a un libro como el nuestro y decidan leerlo será porque ya tengan preguntas a las que estén buscando respuesta. Quizá pueda servir para que las dudas se conviertan en una convicción más firme de que es necesario un mayor conocimiento sobre lo que consumimos, que para mí es la definición fundamental de consumidor concienciado.
En cuanto a desinformación, existen muchos tópicos que hay que desechar sobre el precio y calidad de los productos ecológicos o de comercio justo. ¿Cuál cree que es el tópico más dañino de los productos socialmente responsables?
Yo creo que el más dañino en general, no sólo referido al consumo responsable, es que no se pueden cambiar las cosas o que no existen modelos alternativos que pueden funcionar. Y también el debate de trincheras, en el que si criticas un aspecto de algo es porque inmediatamente eres partidario de lo contrario. A veces parece que sólo existen dos opciones. Se necesita más debate y tener la mente más abierta porque el consumo es un asunto muy complejo y con muchas aristas.
El próximo libro será sobre la industria del plástico ¿puede adelantarnos algo del mismo?
Es un proyecto en el que empezamos a trabajar el año pasado, pero que hemos tenido que aplazar por la propuesta que recibimos por parte de la editorial Clave Intelectual para publicar el libro “Carro de Combate. Consumir es un acto político”. Pero la idea es similar a la del resto de los trabajos de Carro de Combate: explicar cómo se obtiene el plástico. Además, en este trabajo nos estamos planteando una pregunta adicional: ¿Cómo es posible que el plástico nos haya invadido de tal manera a pesar del impacto ecológico y de que su materia prima principal, el petróleo, no es precisamente barata?
¿Qué hace Laura Villadiego para desconectar del trabajo y limpiar la mente de tantas injusticias, desastres medioambientales y humanos?
Pues probablemente lo que hace la mayor parte de la gente: Quedar con los amigos, dar un paseo, hacer deporte, leer…

Muchas gracias por su atención.

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