La astrología, determinismo y libre albedrío.

A priori, el espíritu de la astrología parece ser eminentemente predeterminista, sin embargo, aquí veremos que contempla las dos posibilidades.

La razón fundamental de quienes no creen o desestiman a la astrología es porque inexorablemente esta disciplina es o parece ser determinista. Aquellos que creen o prefieren creer en el libre albedrío pueden sentir que la postura de la astrología es un tanto hostil a sus intereses.

Las limitaciones del hombre

Ahora bien, dejando de lado un instante a la astrología, se puede decir no obstante que básicamente el sino de la humanidad está predestinado, basándonos en nuestras limitaciones. El ser humano no puede volar, no puede vivir bajo el agua por tiempo prolongado; no puede subsistir sin comer, dormir, defecar, sin agua, y no puede vivir por más de un tiempo definido. A todas estas limitaciones y tantas otras, podríamos llamar “predeterminismo del destino del ser humano”, todas aquellas cosas que no puede y jamás podrá hacer. Ahora bien, existe un número limitado, también, de limitaciones para el hombre; no es verosímil pensar, ni lógico, que en un tiempo prudencial el hombre pudiera dejar de necesitar comer o dormir, por ejemplo, o que el respirar oxígeno le matara.
El hombre tiene limitaciones, que se deben a leyes físicas. Hay un número definido para sus limitaciones, hay un número definido de leyes físicas a las que está sometido. Dentro de esas limitaciones, luego, se puede decir que el ser humano está posibilitado de libre albedrío.

La astrología y las limitaciones del hombre

A esto ahora se le puede agregar la astrología. La astrología es un sistema de ver las cosas, acerca de lo mismo; no agrega leyes físicas, no agrega limitaciones al hombre.
Se podrá decir, si se contempla la posible influencia de los planetas sobre la psiquis humana, entonces sí agregamos nuevas leyes físicas a las que estamos sometidos. Si Venus, o el planeta que fuere, influye sobre nuestras emociones, entonces, ¿esto significa que no somos dueños de nuestras emociones?, y así, con todas las demás cosas humanas.
Además, se sabe que la astrología se arroga la facultad de prevenir (por no decir “predecir”) los hechos y situaciones que una persona está predispuesta a vivir y experimentar a lo largo de su vida.
Se podrá pensar, “sí, pero los astrólogos están siempre, de manera fáctica, pretendiendo saber cuándo es que nos casaremos, cuándo nos haremos ricos, o cuándo caerá un piano sobre nuestras cabezas”.
Es verdad, es lo que hacen los astrólogos, lo que no significa que no se esté hablando de tendencias, muchas de las cuales, en diversas ocasiones, pueden ser experiencias del todo eludibles.

El tema de la muerte

Hay un pronóstico cierto que cualquier astrólogo puede hacer sobre cualquier persona, sin posibilidad de error, y ese es sobre el tema de la muerte. Cierto es que todos moriremos algún día; para el astrólogo, de ser necesario, solo le restaría “prevenir” la fecha y las circunstancias del suceso. Esto es porque el ser humano tiene la “tendencia” a morir, de manera común en la especie.
Las tendencias están, hasta cierto punto, predeterminadas por las vibraciones. El ser humano es una entidad energética que vibra tridimensionalmente, vibra en espesor, en espacio y en tiempo. En tiempo, está correlacionado vibratoriamente con su pasado y con su futuro. El ser humano construye su futuro, en todos los casos, aún, inconscientemente.
Olvidando la teoría acerca de que los astros influyen, pensando en la teoría inversa, aquella que dice que en realidad, es el ser humano quien proyecta sus características diferenciadas sobre cada astro, de manera sistematizada y ordenada, en una especie de modelo común a todos los hombres, es el ser mismo quien se descompone, o mejor dicho, descompone de manera hipotética a su estructura psicológica, como en un prisma, ordenadamente, para ver cómo está hecho. Del mismo modo, se puede ver cómo está construido el futuro.

Futuro, tendencias y vibraciones

El futuro está constituido de tendencias, de posibilidades, de probabilidades, de potencialidades, de oportunidades, que se corresponden a lo que somos en esencia.
“Yo soy yo y mi circunstancia”, dijo Ortega y Gasset, refiriéndose a lo mismo. Lo cierto es que “yo” y “circunstancia” pueden ser analizados separadamente a través de un trabajo de astrología.
El ser se sostiene sobre una base de realidad predeterminada. Eso se puede ver sin necesidad de astrología, incluso, prescindiendo de ella. Dentro de esas “reglas de juego” existe un cierto libre albedrío, para hacer y deshacer. Una carta natal, un horóscopo personal, suele ser como un mapa de corrientes marinas, cálidas y frías, y a veces conviene navegar sobre unas y a veces sobre otras. El horóscopo personal es un mapa que indica cuándo es más conveniente cambiar de corriente.
No hay mucho más que pueda decirse al respecto. Por lo demás, existe gente que vive muy bien sin creer en la astrología, y, por cierto, que hay gente que vive muy mal creyendo en ella.
Existe la carpintería, pero también existen las sillas de plástico. Cada quien se sienta donde más le gusta, o donde puede.

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