Jean Baudrillard: lo real como simulación y la obsesión por el pasado

Para el sociólogo francés Jean Baudrillard (1929 -2007) se ha presentado un auténtico punto de inflexión en la historia de Occidente: el tránsito entre la aceptación de un mundo definido por los signos relacionados con la verdad o la ideología, a otro mundo en donde ya no tiene sentido la distinción entre la primera y la segunda. Es nuestro tiempo, el de los simulacros y la simulación, afirma Baudrillard, donde no existe una instancia última metafísica que fundamente el mundo o que nos haga distinguir lo verdadero de lo falso.

Baudrilard y la añoranza de realidad

Cuando se toma conciencia del advenimiento de este periodo, de acuerdo a Baudrillard, la nostalgia se deja sentir y experimentamos una añoranza por la autenticidad y la verdad. El sociólogo francés explica que esta vivencia se traduce en un pánico por lo real y lo referencial, una construcción del mundo que es paralela a la construcción de lo material. Baudrillard observa que cuando todo se vuelve abstracto el valor de lo real se acentúa, pero el pensador francés también se cuestiona: ¿verdaderamente es lo real lo que se desea o solamente los signos de lo real? Lo cierto es que una vez que se ha experimentado el mundo de los simulacros y la simulación, no es fácil dejarlo atrás y es entonces cuando apenas y se distingue entre el simulacro y la realidad.

La realidad, el aislamiento y los tasaday

Baudrillard utiliza como ejemplo para describir esta condición, al pueblo de los tasaday, etnia que fue descubierta por los etnólogos en lo más profundo de cierta jungla tropical en la década de 1970. Para que no desaparecieran al confrontarse con el mundo moderno, los tasaday fueron llevados a una región de virgen selva casi inaccesible. Esta zona era, desde la óptica de Baudrillard, un auténtico museo viviente cuyo cometido era la preservación de lo real y que aquellas personas pudieran seguir con su vida habitual, conservando sus tradiciones. No obstante, Baudrillard pondera que el aislamiento al que fueron sometidos los tasaday fue en sí mismo una patente simulación.

El pasado y sus secretas referencias

Baudrillard utiliza otro ejemplo para explicar ese vínculo entre lo real, la ficción o la simulación posibilitada por el pasado. El pensador francés comenta que los científicos actuales invierten enormes cantidades de dinero en la preservación de las momias egipcias. Pero esto no es tanto porque esta clase de objetos antiguos signifiquen demasiado para nosotros, sino porque son como una garantía de que los restos del pasado guardan un particular significado.

La obsesión por el pasado y la necesidad del presente

Para el autor de “Simulacros y simulación” nuestra cultura, tan acumulativa y lineal, se viene abajo si no se apilan los vestigios del pasado de manera patente. Tal hábito de “museoficación” como lo expresa el propio Baudrillard, es lo que define a nuestra cultura, tan proclive a rechazar los secretos y con la tendencia a poseer a las culturas del pasado por medio de una casi obsesiva clasificación y disección. Para Baudrillard las culturas de la antigüedad, las que nos antecedieron, tienen valor como símbolos de que fueron rebasadas, desbancadas, por nuestra cultura moderna.

Baudrillard y el gran simulacro del mundo

Otro gran ejemplo que utiliza Baudrillard para explicar estas ideas, es el de Disneylandia. De acuerdo a este sociólogo francés, en Disneylandia tenemos uno de los mejores ejemplos de simulacro, puesto que se proyecta como un sitio imaginario únicamente para hacernos creer que el resto de la sociedad, nuestro entorno, es real. Disneylandia lo que hace es conservar la fantasía de una distinción entre la verdad y la fabricación (de lo real), algo que precisamos para continuar existiendo en un mundo cien por ciento fabricado. Baudrillard concluye que sitios como Disneylandia nos sirven para no pensar en el hecho de que todo Estados Unidos (y en cierto punto toda nuestra realidad), forma parte del reino de la simulación.

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