“Ghost In the Shell”, de Mamoru Oshii: Anime ciberpunk de culto

Basada en el manga de Masamune Shirow, “Ghost In the Shell” es una inteligente, fría y metódica perspectiva del dominio de la tecnología y su combinación con preceptos filosóficos de la existencia humana.

El avance de la tecnología es un constante propósito perseguido por el hombre con la finalidad de superar los límites de creación por medio del acumulo de conocimientos técnicos, todo ello con el supuesto propósito de mejorar la vida en sociedad y simplificar su complejidad, aunque en muchas ocasiones hay intenciones desconocidas en su creación.

En aras de la ciencia ficción, la inteligencia artificial y las sospechosas megacorporaciones dedicadas a la investigación y el desarrollo de tecnologías de información son vertientes que evidencian la contrariedad de la psique humana. “Ghost In The Shell” (1995) entremezcla los preceptos de la ciencia y la tecnología con diversos planteamientos de tinte filosófico con respecto a la función del ser en el mundo.

La película de “Ghost In The Shell”: Mancuerna de tecnología, policías y ciborgs

Ghost In The Shell (1995) Anime

Ghost In The Shell (1995), Mamoru Oshii themovieaffectiontumblr

Con “Ghost In the Shell”, el realizador japonés Mamoru Oshii (The Sky Crawlers, Patlabor) sumerge de manera inteligente en un escenario conformado por avances tecnológicos en computadoras y redes electrónicas conectadas entre sí por medio de los “espíritus”, cuerpos cibernéticos fusionados la conciencia del ser.

En el ficticio 2029, la Mayor Motoko Kusanagi, integrante del grupo paramilitar de la Sección 9 y agente ciborg especializada en operaciones anti-terroristas, es asignada para capturar un habilidoso hacker denominado como “El Titiritero”, quien es capaz de implantar falsos recuerdos en cerebros humanos. Asistida por el corpulento Batou, el inteligente Ishikawa y el eficaz policía Togusa, realizarán una serie de descubrimientos que cuestionarán la existencia de la propia Kusanagi.

El elemento visual, donde impera el estilo cyberpunk, identificable también en la dinámica “Akira” (1988), en la ideológica “Blade Runner” (1982) y en el horror psicológico de “Perfect Blue” (1998), conforma una fluida animación tradicional con digitalizada que detalla los callejones de una ciudad en crisis, los enigmáticos interiores del departamento de Kusanagi, la oficina de la Sección 9 y la propia ciudad futurista, no muy alejada de la realidad, sumidas en la frialdad de los datos computarizados y la decadencia de la misma raza humana que prefiere esconderse tras las capas de un robot.

Apoyado por el score de Kenji Kawai que mezcla modernidad con atisbes de reflexión, el relato presenta complejidad, con la percepción de la existencia de conceptos mayores que aquellos presentados por Oshii. Bajo una perspectiva analítica y un tanto contemplativa, la presencia de la tecnología es la prioridad para aquellos que buscan cruzar la línea de la mortalidad, con la pérdida de la esencia humana retratada con sutilidad a través de la poca presencia de humanos sin “fantasmas” en su anatomía. Así, la melancolía apocalíptica futurista azota las psiques de los personajes, pertenecientes al ciberpunk de la modificación de los cuerpos y la latente corrupción en corporaciones, evolucionando conforme se desarrollan los hechos.

Solitarios, en un difícil contexto por la constante criminalidad en sus diversas vertientes, los “anti héroes” logran comunicar empatía con respecto a las vivencias en su investigación por medio del conflicto personal de Kusanagi sobre su existencia, la lealtad incondicional de Batou, el temporal sentido de inferioridad de Togusa ante las superhabilidades de los ciborgs y el sentido del deber de Aramaki, líder de la Sección 9.

El relato, además de manejar los momentos de acción con una visceralidad que dota de realismo a la búsqueda de combate al crimen y las pizcas de thriller que cuestionan sobre la verdadera identidad de “El Titiritero”, coloca preceptos filosóficos sobre la existencia (el árbol de la vida) y las sensaciones contenidas de Kusanagi al respecto en el transcurso de la investigación, todo ello guiando a una reflexión sobre el inevitable sentido de humanidad que habita incluso en los ciborgs más avanzados.

Como resultado, “Ghost In the Shell” es un contemplativo y frío análisis de la psicología humana, un filme de animación japonesa trascendente por su sólido planteamiento.

Masamune Shirow y el ciberpunk del manga “Ghost In the Shell”

Antes de colocarse en la mira internacional como mangaka, Masanori Ota, mejor conocido por el pseudónimo de Masamune Shirow (1961-), aprendió sobre el arte gráfico a través de sus estudios de Pintura Óleo en la Universidad de Artes de Osaka, siendo “Black Magic” su primera obra publicada como Doujinshi (manga de un fan basado en uno famoso) en 1983 sobre un androide que busca eliminar a la hija de un científico.

En 1985 lanzó el sobresaliente “Appleseed”, manga finalizado en 1989 en cuatro volúmenes con tintes mecha publicado por la casa editorial Sheshinsha. Con disecciones a la sociedad y a la tecnología, se desenvuelve en un escenario post apocalíptico acaecido después de la Tercera Guerra Mundial, en la que dos integrantes del ficticio grupo paramilitar ESWAT, buscarán proteger a la metrópoli Olympius de amenazas terroristas.

Dominion” (1986), tercer trabajo de Shirow y publicado por la revista Young Animal Arashi, prosiguió con la línea usual de la policía militarizada, presente en un mundo sumergido en el vestigio de hecatombes, por consecuencia de la excesiva contaminación ambiental y las bacterias que obliga a sus habitantes a portar máscaras para sobrevivir.

Ghost In The Shell, second poster

Ghost In The Shell (1995), poster 2 silveremulsiontumblr

La corriente ciberpunk del mangaka alcanzó su punto más álgido con “The Ghost In the Shell” (Kōkaku Kidōtai), publicación aparecida por primera vez en 1989 en Young Magazine y finalizada en 1990. Influenciado por el universo de la vida clandestina de un vaquero robot en la novela “Neuromante” (Neuromance, 1984) del escritor William Gibson, las señalaciones a la masificación de la tecnología, el cuestionamiento del ser y el propósito real de la evolución alcanzaron una destacada notoriedad que significó la adaptación del filme homónimo de 1995.

Con un trabajo menor en popularidad, sin distanciarse de la ciencia ficción ni de la mezcla de filosofía y ciencia que le caracteriza, “Orion” (1991) aborda preceptos budistas, mitología japonesa, términos de magia y teorías físicas, girando en torno a la conspiración del Imperio Yamata para destruir el karma de la galaxia con el uso de un poderoso reactor.  Shirow prosiguió con el retrato de ciborgs en “Pandora in the Crimson Shell: Ghost Urn” (2015), agregando un elemento heroico en la derrota de agentes terroristas para salvar a la civilización.

“Ghost In The Shell” representó una pequeña ejemplificación de los claroscuros del siglo XXI, logrando consolidar un estatus de culto que le significó dos secuelas directas (formando una compilación de tres volúmenes de la franquicia) que expanden el complejo mundo del “espíritu”: la continuación de la historia de la Mayor Kusanagi tras su fusión con “El Titiritero” en “Ghost In the Shell 2: Man-Machine Interface” (1991-1997) y las investigaciones del equipo de la Sección 9 en “Ghost In the Shell 1.5: Human-Error Processor” (1991-1996).

La distopía y melancolía en la reflexión sobre la existencia humana inspiró a muchos otros en el terreno de la ciencia ficción, desde el mundo de “Matrix” (1999) de los Wachowski hasta la transmisión de la conciencia humana a cuerpos alienígenas de “Avatar” (2009) de James Cameron.

“Ghost In The Shell”: Ciencia ficción de culto de la animación japonesa

La influencia de la temática oscura del filme de Mamoru Oshii influenció la estética visual y el concepto de conciencia en ciborgs ofrecida por Steven Spielberg en la irregular “Inteligencia Artificial” (AI: Artificial Inteligence, 2001) y en la investigación de asesinatos de androides por parte de un agente del FBI en “Identidad Sustituta” (The Surrogates, 2009).

A su vez, el argumento de “Ghost In the Shell” creció en su universo con los filmes “Ghost In The Shell: Innocence” (2004), “Ghost In the Shell: Stand Alone Complex- Solid State Society” (2006), con las series animadas “Ghost In the Shell: Stand Alone Complex” (2002), “Ghost In the Shell: Stand Alone Complex 2nd GIG” (2004), “Ghost In the Shell: Arise – Alternative Architecture” (2015) y el OVA “Ghost In the Shell: Arise” (2015).

Además de revitalizar a la serie con un filme animado homónimo estrenado en 2015, el interés por su trama llevó a la realización live- action de la historia por parte de Hollywood, basándose en el clásico filme animado de 1995, con Scarlett Johansson como la Mayor Kusanagi.

“Ghost In The Shell” es uno de los animes de ciencia ficción más identificables del género con una excelsa animación en detalle, en la que la exploración de la inteligencia artificial, el ser, el internet y el cruce entre el existencialismo y la filosofía sobre la pérdida de humanidad ante la ciencia imperan conforme avanza el tiempo.

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