Entrevista a Sandra Velarde, psicóloga clínica que nos explica qué es la realidad herida

Sandra Velarde es una profesional de la psicología clínica con más de 25 años de experiencia. Hoy nos explica en qué consiste la realidad herida o vulnerabilidad.

Entrevista a Sandra Velarde, psicóloga clínica que nos descubre la realidad herida.

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Sandra, muchas veces como adultos nos vemos sorprendidos por conflictos de pareja, laborales o comportamientos que se detonan y no logramos controlar. La causa es, en muchas ocasiones, una realidad herida que arrastramos desde niños, que no fue resuelta adecuadamente y estalla sin remedio en la edad adulta. Pero, ¿quién es el niño interior herido?.

Cuando nosotros fuimos niños, tuvimos diversas experiencias, buenas, regulares y malas para ser didácticos. Las experiencias favorables dejan en nosotros como adultos, memorias sensoriales muy bellas y que perduran a lo largo de nuestra existencia, por ejemplo el olor del café en casa de la abuela… los colores en la escuela… las canciones que nos transportan a tiempos y estados emocionales distantes… ese niño interior con buenos recuerdos se fue y dejó memorias; el que se quedó fue el niño interior herido, un ser lastimado, maltratado, enojado, humillado y que queda pendiente de manejar en la vida adulta pero, que sobre todo, tiene una función necesaria para el funcionamiento humano.

La vulnerabilidad no se elimina con pensamientos positivos. Uno no elige cómo desactivarlo porque se siente. Es como el ingrediente principal de un sándwich que necesitas abrir para conocer lo que esconde en su interior para que no continúe indigestando nuestro día a día. ¿Cómo se detona el niño interior herido en la edad adulta?.

Cualquier elemento tanto interno como externo, nos detona la sensación de rabia, de necesidad de importancia en los demás, el deseo de atención irracional, intención de protagonismo, no solo es necesario que algo nos suceda fuera, sino que los seres humanos también tenemos un paisaje interno que, por ciclos vitales, calibraciones psicológicas o programaciones puede desencadenar las más desagradables de las sensaciones en búsqueda ansiosa y frenética de salida.

La posibilidad de hacernos conscientes de este fenómeno al que nadie, absolutamente nadie escapa, es uno de los primeros pasos para encontrar el manejo del niño interior herido, pero algo muy importante es reconocer nuestra verdadera identidad, somos adultos y desde esa plataforma podemos empezar a intentar alcanzar el ideal de autoresponsabilidad, infinito sentido del humor, relajación absoluta, capacidad de autocontención, compasión humana, éxito, amor, sexualidad, etc. Todos estos elementos únicos y esenciales del adulto. Si nos encadenamos y no resolvemos a este niño interior, estamos en la cárcel de la angustia,el dolor, la sensación de soledad miserable, enojo, rabia, sentimientos constantes de injusticia, etc.

 

Existen dos formas de relacionarse con nuestra vulnerabilidad. Una fusionada, dejando que el niño interior tome el control al margen del adulto, a través del rechazo, la culpa o la manipulación, y otra, desconectada, fingiendo que no existe, de espaldas a ese niño interior. Ambas resultan profundamente disfuncionales porque sabotean nuestra realidad objetiva. ¿Cuál es la forma más funcional de convivir con nuestra vulnerabilidad?.

Entrevista a Sandra Velarde, psicóloga clínica con ás de 25 años de experiencia.

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El niño herido interior tiene una función positiva, al igual que cualquier otro síntoma en el ser humano, éste también la tiene, este niño herido se queda no por ocio ni para molestar (aunque pudiera ser totalmente indeseable). Él se queda para fines de compasión, sensibilidad, empatía, trabajo comprensivo, etc, es decir, tener acceso a la experiencia no es experimentarla.

Cada persona puede recordar lo que vivió, inclusive puede tenerla muy fresca y presente con mucho sentimiento y emoción, pero eso no quiere decir que tenga que perder el control en ella en base a aquel dolor experimentado. Un niño interior herido grita intensamente, nos grita al oído pidiendo lo que necesita, justo como un tremendo berrinche, sin importar el momento, ni el lugar y mucho menos ante quien esté, busca salida, busca revancha, busca satisfacer su necesidad, que a él apenas le permite soportarlo, le grita al adulto que somos y el adulto, en su fuerza, debería tener la capacidad de controlarlo. El adulto tiene tantas funciones positivas que podría lidiar con él, es posible, deseable pero, sobre todo, indispensable poder remediar esto, para poder sobrevivir. Los detonantes son tanto internos como estímulos externos: la falta de control, los estados de frustración, mas las “suaves” presencias constantes que desazonan la vida. 

Todos nos hemos sentido vulnerables alguna vez durante la infancia. Ya sea por no recibir lo que realmente necesitábamos (carencia), o por recibir justamente lo que no necesitábamos (invasión). Pero, ¿ qué tipos de heridas existen ?.

Cada persona tiene diferentes experiencias infantiles que dan lugar a diversos “temas” en relación al niño interior, es decir, cada experiencia infantil imprime el tema y los detonantes, existen básicamente 5 heridas.

  • de odio
  • de abandono
  • de control
  • de traición
  • de rechazo.

Todas estas heridas fueron hechas por nuestros padres, o por personas altamente significativas en nuestra infancia.

El resultado de cualquiera de las heridas se cimienta en la herida de la vergüenza que causa en el niño. Porque toda carencia o invasión es vivida por el niño con total responsabilidad. ¿Cómo afecta esta herida en su salud tanto física como emocional?.

La vergüenza es una de las principales que afecta profundamente la autoestima de la persona, es la vergüenza de ser él, por lo tanto, todo lo que emane de ese ser, es motivo de ocultamiento, dolor y contracción. Como podemos entender toda contracción emocional da lugar a las contracciones físicas y que, más tarde, se denominan los clásicos estados de estrés o tensión, cualquier órgano humano expuesto a lo corrosivo de la vergúenza puede verse afectado por cualquier síntoma.

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Entrevista a Sandra Velarde que nos explica en qué consiste la vulnerabilidado niño interior herido.

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Crear un espacio de contención es fundamental para aceptar que nuestro niño interior convive dentro de nosotros y respetarlo porque no se va a ir. ¿Cómo es posible crear ese espacio seguro de agresiones tanto externas como internas de forma sólida, estable y, sobre todo, duradera?.

El niño interior debemos comprender que, en realidad, no existe, pero está, algo complicado, sin embargo, podemos comprender que es un ser que es absolutamente necesario que nos habite, pero nunca, absolutamente nunca tome el control de nuestra vida, el adulto y el fortalecimiento de este en esta amalgama que somos cada ser humano, debe y es una de las principales luchas de cualquier ser humano que se jacte de importarle su evolución.

Sandra Velarde tiene la virtud de hacer fácil algo que es tremendamente complicado. Y lo hace siempre desde la responsabilidad y el respeto con el que trata cada uno de los temas que aborda. Gracias Sandra.

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