Entrevista a Maribel Medina

Tras la publicación de “Sangre de barro” y “Sangre intocable“, llega  “Sangre entre la hierba“. Un thriller que, tal como nos tiene acostumbrados la autora, nos mantiene en vilo desde el principio y que, en esta ocasión, narra una historia de trata de personas y en el que, también, se aborda el tema de la maternidad.

Hemos tenido la suerte de poder entrevistar a Maribel Medina, a la que agradezco infinitamente que nos dedicara parte de su tiempo, y de hablar de todo ello.

Autora de "Sangre de Barro" y "Sangre intocable"

Maribel Medina, autora de Sangre entre la hierba – image vía Twitter.com

Tras un tiempo de espera, que a los lectores se nos ha hecho un poco largo, Laura Terraux y Thomas Connors vuelven y lo hacen adentrándose en un mundo feo, complicado y peligroso que, desgraciadamente, no solo existe en La Rinconada, sino en muchas partes. ¿Tenías muy claro que querías centrarte en la trata de mujeres o simplemente leíste algún artículo que te sirvió de inspiración después de las anteriores novelas?

Realmente, solo pretendía escribir uno, que era el de dopaje. Sólo uno y nada más. Lo que pasa que, luego, la presión de la editorial y la presión de los lectores hizo que escribiera el segundo y cuando pensé en el segundo, ya tenía claro el tercero. Sabía desde el principio que quería tratar estos tres temas, que eran, para mí, tramas internacionales y, por ende, pensé que también nos podrían involucrar a nosotros como lectores. Y que me interesaban también a mí, por supuesto. Pero, sobre todo, que fueran de denuncia. Como te digo, tenía claro que quería tratar de dopaje, farmacéuticas y trata de mujeres. Clarísimo.

En “Sangre entre la hierba se cuenta una historia de trata que pone los pelos de punta. Se ha tratado con cuidado, con descripciones justas para que se sobreentienda la historia, pero sin excesos. Por lo que he leído está basada en el caso de Marita Verón.

No, eso no es verdad. No sé de dónde ha salido. Simplemente, hace bastantes años vino la madre, Susana Trimarco, a España buscando a su hija con una pista porque, al parecer, la hija se encontraba por aquí, en España. Y dio la casualidad de que leí la entrevista que le hicieron en El País. Me impactó muchísimo cómo una mujer, en aquel entonces, llevaba 11 años buscando a su hija, y me pregunté si yo sería capaz de dedicar mi vida a la búsqueda por muy ser querido que fuera. Es cierto que siempre se me quedó esa pregunta, pero no está basado, para nada, en el caso de Susana Trimarco.

Es verdad que pude hablar con ella, casualidades de la vida. Aquí, Javier Sierra siempre me dice: “Maribel, las casualidades no existen”. Pero, como te decía, casualidades de la vida, con el tema del dopaje, hice muy buena amistad con el Director de la agencia de antidopaje española. Quedamos un día en Madrid y hablando con él le comenté que quería buscar y saber un poco más acerca del caso de Marita Verón, y, sorprendentemente, me dijo que fue él quien había llevado el caso en España. Y, poco a poco, me interesé. Pero no tiene nada que ver con esa historia. Simplemente la similitud es la de una madre que busca a su hija que lleva 16 años desaparecida. Hasta ahí llega la similitud.

¿Es a raíz de la lectura de esa noticia publicada en El País que decidiste que querías escribir de la trata de mujeres o ya lo tenías claro desde antes?

No, no. Tenía claro de que quería hablar de la trata de mujeres. Pero sí que me inspiró en el sentido de no dar macro-cifras para el libro, y para no aturullar al lector. Tienes tantas historias truculentas y horribles para contar de la trata que decidí que no quería eso. Sin embargo, me dio la idea de escribir desde el punto de vista de una madre, por un lado, y el punto de vista de la hija, por otro. Y pensé también en esa niña, luego adulta, que está raptada, encerrada. Y me acordé de la frase de Keats, el poeta, que me gusta muchísimo, que fue a ver Roma, ya enfermo de tuberculosis, y nunca salió de la habitación porque murió allí. El esperaba la muerte en esa habitación y hay una frase suya que me repetía durante todo el tiempo que duró la escritura de la novela: “siento crecer la hierba sobre mi”.

Y la misma que has utilizado para dar el título a esta nueva novela tuya

Sí, eso es. Porque me parece la descripción total de no tener esperanza. De que un día tras otro todo siga igual.

Todas las novelas de Maribel Medina tienen un trasfondo que también hacen reflexionar adoptando esa forma de denuncia (como decíamos antes) y tocan la fibra sensible del lector haciéndonos ver las tristes realidades que existen. Sin embargo, se hace de forma respetuosa, comedida, sin excesos y sin describir de forma exhaustiva, como se ha hecho en otros casos, cada acción.

Sí, así es. No quería tocar ni la palabra violación ni la palabra abuso porque era muy fácil hablar de eso. Hablar de maltrato, de violación… ¿Por qué? Pensé que íbamos a fijarnos en la historia de esta chica para que el lector empatice con ella. Porque si te hablo de macro-cifras, de los 5 millones de euros que se gastan los españoles al día en irse de prostitutas dices, ah vale. Pero si te cuento la historia de esta chica, Ángela María, igual se te encoge un poco más el corazón.

Y de ahí, un poco, el tema del bicho-bola. Ese momento en el que la venden, y cómo lleva el hilo en el bolsillo, eso de hacer la bolita… esos pequeños detalles. Y es eso lo que me resultó más difícil…utilizar ese lenguaje, como más poético, para contar algo terrenal y terrible.

Sangre entre la hierba, de Maribel Medina

Maribel Medina, autora de la trilogía de la sangre Image vía Yoleomaeva.com

Para poder escribir esta nueva novela has tenido que documentarte muy mucho. Las descripciones del lugar y de los habitantes de La Rinconada parecen muy reales, pero también los datos que manejas y que se van mencionando a lo largo de la novela ¿Cómo ha sido la documentación para escribirla? ¿Esa búsqueda de personas que te han acercado sus testimonios…?

Ha sido la vez que más fácil me ha resultado porque todo ha venido rodado. Tenía claro que quería que fuera Perú porque sabía lo que les hacían a las chicas, gracias a lo que me contó Mabel Lozano, autora del libro “El proxeneta“. Me habló de un río al que tiran a las chicas después de matarlas cuando ya no sirven o se quedan embarazadas o con enfermedades… Entonces pensé en Perú, y salió el nombre de La Rinconada, el lugar más alto del mundo. Me sobrecogió pensar que exista un sitio así donde no haya ni policías ni agua potable ni nada, y que sea como el infierno en la tierra. Me resultó fácil porque había unos chicos aquí, en España, que tenían un blog y que habían ido allí, y fueron ellos los que me contaron todo. Porque, obviamente, yo no había estado. Pero también un periódico en La Rinconada… Eso fue sencillo.

Por otro lado, en lo que a la trata de mujeres se refiere, no tenía ningún conocimiento y además tenía muchos conceptos muy mezclados. Me dirigí, gracias a este amigo que es capitán de la Guardia Civil y que me pasó el contacto del Inspector Jefe contra la trata de mujeres, que tiene un cameo en el libro, y él me contó todo en un par de reuniones que tuvimos en Madrid porque es él el que lleva el tema de la trata. Me habló de ello y de cómo funcionaba porque yo pensaba que les daban palizas y demás. Pero no. Me aclaró que para qué iban a dar palizas si les pueden amenazar, si ya han contraído una deuda. Y con eso ya les basta y las tienen.

Yo, como te decía, mezclaba el narcotráfico con la trata, pero luego me enteré de que no es así. Todo es mucho más sutil, como por ejemplo las africanas que hacen vudú etc. Así es como las tienen amarradas.

Fui recopilando la información. Hay una periodista que se llama Lidia Cacho que ha escrito un libro acerca de la trata a nivel mundial y de cómo funciona, que, además, ha logrado la primera sentencia en Latinoamérica condenando el proxenetismo porque no existía. Y no nos tenemos que ir muy lejos porque aquí, en nuestro país, hasta el 2010 no existió una ley de trata de personas. Y ya no solo hablamos de mujeres, también hablamos de esclavitud de hombres que también trabajan en minas, en Kebabs, textil, tráfico de órganos…aunque lo más son mujeres, claro.

En esta novela hay frases que son sutiles, pero también demoledoras y que dan qué pensar. Algunos de los personajes van hablando, reflexionando y definiendo la situación con algunas como: “ellas son sus propias carceleras“, “la magia es fácil cuando no tienes nada y te dan algo” o cuando Thomas, en un momento determinado, dice “pero las prostitutas con las que yo he tratado no tienen nada que ver con estas“. ¿Cómo definiría Maribel Medina esta historia y la realidad que quiere mostrar?

La realidad es que yo quería hablar de la maternidad. El tema principal de la novela, para mí, es la trata de mujeres, obviamente. Pero también la trata de personas porque también hablo del tráfico de órganos y, como decía antes, la maternidad. Y, además, me interesaba hablar de ésta desde todos los ámbitos: desde el punto de vista de Ángela María y esa búsqueda de su hija, Laura, que quería ser madre y luego, al conseguirlo, se arrepiente, porque es cierto que ocurre lo que le pasa a ella. A mí me pasó y, al ser madre, echaba de menos la otra vida, y me sentí desaparecida como mujer. Totalmente desaparecida. Por eso yo quería reflejarme porque, claro, Laura es mi alter ego.

Yo necesitaba hablar de cómo yo me había sentido siendo madre y también cuál era mi posición respecto a la trata de mujeres. Necesitaba dar mi opinión en el libro. Ya sé que no se debe de hacer, pero como yo soy la autora hago lo que me da la gana (risas). Me apetecía hablar de la relación de Thomas con su madre. Pero, también, de cuál es la relación que se tiene con los padres cuando uno se hace mayor. Cómo se puede producir una ruptura con un “he bajado de los cielos a mi madre o a mi padre” al verlos como personas, por cómo actúan y luego no te gustan. y lo que puede ocurrir con la relación a partir de ahí.

Había muchos temas que me apetecía tocar y, entre ellos, el tema de cómo dejamos de llamar a una persona porque se piensa que ya habrá tiempo y luego, quizás, ya no lo hay. Que la vida con esos “tengo clases de algo concreto”, “tengo que comer”, “tengo que cenar”, y “de repente otra cena”, como dice Thomas, y así un día tras otro y el tiempo va pasando, y seguimos sin ver a esa persona.

Y ese conglomerado que quería tratar es “Sangre entre la hierba”. No dar por hecho que la vida se va a quedar estática, que los que queremos se van a quedar estáticos, tanto en las relaciones, de hombre y mujer, como sociales. Y es lo que pasa con Thomas y Laura que no se quedan estáticos. Thomas piensa que todo sigue igual y que tiene una oportunidad con Laura, pero no es así porque ella ha sido madre y ya no es la misma. Ella intenta hacer malabares entre ser madre, el trabajo y demás, mientras Thomas, que es un hombre perfecto, guapo, atractivo con una hija, tiene otra pelota en la cabeza. Porque, en realidad, las relaciones sociales es lo más difícil que existe.

Quería que creciera Thomas, que viera lo equivocado que estaba, y que Laura es más valiente que él, como siempre y para variar (risas).

A eso iba a ir ahora, que en tus novelas las protagonistas siempre han sido las mujeres.

Siempre lo he dicho, las mujeres. Mis mujeres siempre van a ser las fuertes. Además, si ves en “Sangre intocable” tenemos a que trabaja en una ONG. En el primer libro teníamos a Maire, que era una mujer fuerte. Pero también a la amante de Thomas.  Repito, mis mujeres siempre son las fuertes. Ya sé que no es la realidad, pero yo quiero imaginar un mundo con las mujeres así porque ya nos toca y ya es hora de que tengamos esa fuerza. Que esta era del siglo XXI sea la era del feminismo, y no hablo de estar por encima, no. Hablo de estar a la par hombres y mujeres.

¿Y cómo definirías “Sangre de barro” y “Sangre intocable“?

“Sangre de barro” es la lucha contra el dopaje, y la presentación de unos personajes: Thomas, el agente de la Interpol, y Laura, una patóloga forense. Cómo se conocen, la valentía de ella al hacer su trabajo, y darse cuenta de lo que está ocurriendo…porque es muy fuerte lo que ocurrió en realidad en esos casos. Y ese forense que tuvo que firmar como muerte natural.

Como decía, es la presentación que también es lo más difícil. Y también la creación de unos personajes que van cambiando tanto, como Thomas.

Hablando de los personajes, a la hora de perfilarlos y construirlos, aunque haya capa tras capa, ¿te has inspirado en gente cercana o simplemente son una suma de características de unos y otros?

No me he fijado en ninguna persona realmente. Me he fijado en ellos. Ellos han hecho el personaje. Son ellos los que viven en mí. El protagonista, Thomas o Laura, son personas que conozco. No porque existan, sino que, realmente, los conozco, porque son parte de mi vida. Pienso con ellos, hablo con ellos. Cuando tengo un problema me pongo en la cabeza de Thomas y le pregunto ¿qué harías ante esto? Lo mismo con Laura, ¿qué haríais los dos?

Hablo con ellos. Están en mi cabeza, y yo siempre digo que cuando escribo tengo insomnio porque, de repente, estoy haciendo algo y lo dejo diciendo me voy a la cama ya, y está el personaje diciéndome: “oye, no me vas a dejar ahí”. Pero es que realmente siento que les he dejado ahí, en La Rinconada, muertos de frío. No les puedo dejar así, sin una estufa. Y me digo, por lo menos, voy a seguir hasta que se vayan al hotel y estén calentitos (risas).

Me imagino que como el lector cuando lo lee, que se convierte en parte de su vida y se pregunta qué pasara. Lo mismo me pasa a mí cuando escribo porque yo realmente no lo sé.

¿Cómo es eso?

Yo tengo siempre escrito el comienzo y el final. Luego, tengo dos o tres cosas que tengo claras que quiero poner a lo largo del libro. Pero, por ejemplo, yo quería la muerte de un personaje en la página 20 y no ha habido manera de conseguirlo, casi, hasta el final. Se resistía y no quería morir el personaje. Al final lo maté, pero después de haberse resistido. Hay cosas que tenía claras y, por eso te digo, que evoluciona el personaje. ¡Que me sorprenden y viven! (risas).

¿Cómo finalizarías la siguiente frase? La trata es…

Esclavitud del siglo XXI. Y permitida.

Como hemos dicho antes, te has documentado y dispones de datos reales acerca de esta cruda realidad, ¿Cómo crees que se podría reducir la trata, porque erradicarla totalmente es muy difícil?

Lo tengo clarísimo: que sea ilegal. ¿Cómo no puede existir una ley que ilegalice esto? ¿Cómo se puede permitir que las mujeres sean mercancía y, lo peor de todo, que esté amparado por la ley? ¿Cómo puede ser que en la calle Montera de Madrid estén las prostitutas, algo que está escrito en el libro, y esté la comisaría de Policía en esa misma calle?

Lo primero, que se ilegalice porque está comprobado que en países como Suecia, donde está ilegalizado del todo, del 14% de consumidores se ha pasado a un 7. Y son hechos probados. Legalizar, como se pretende, no lleva a nada. Al revés, porque los proxenetas van a entender que tienen vía libre y que no tienen penas de cárcel. Y países como Alemania, que sí tienen legalizado, la trata es horrible, y de unas 450.000 prostitutas censadas en ese país muy pocas, no llegan al centenar, están acogidas en el régimen de la seguridad social.

Cuando se dice que se previenen violaciones es mentira. Son bulos. Por ejemplo, en todos los Estados Unidos solo hay un país donde está legalizada, y es Nevada. Sin embargo, tiene el mayor porcentaje de violaciones. Lo peor de todo es que el auge de los jóvenes es increíble. Y es que un 20% de los universitarios utilizan los servicios de prostitución. Y son datos reales de la policía. Están acostumbrados a consumir porno en internet. Han crecido con el porno, y tienen a un golpe de click el poder quedar online. Les resulta facilísimo. Y si, cuando salen, no ligan en la discoteca acaban yéndose de prostitutas. Y lo peor de todo es que lo tienen normalizado, mucho más que nuestros abuelos que eran mucho más machistas. Y eso se perpetúa.

Cambiando un poco de tercio y pasando a hablar de otras cosas, imagínate por un momento que puede hacer magia (necesitarás mucha imaginación) y que podría convertirte en el personaje de un libro. ¿Quién serías?

(Risas). Te vas reír, pero lo tengo claro. Sería Catherine de Cumbres Borrascosas. Soy una fan total de Emily Brontë. Es más, a mi me gustaría visitar a Emily Brontë.

Otra más, también relacionada con la anterior. ¿Con qué otro personaje te encantaría tomar un café y charlar?

Stephen Hawking, aunque se haya muerto. Stephen Hawking y yo somos almas gemelas (risas). Te lo digo en serio. Me fascinaba y sigo leyendo sus libros y ¡me encanta! Una mente brillante donde las haya. El a nivel internacional, y a nivel de España, Pérez Reverte y Javier Marías. Soy fan total. ¡Me encantan!

Y, para finalizar, un par de preguntas que he hecho a otros escritores en ocasiones anteriores. ¿Qué medidas tomarías para impulsar la lectura en uno de los países donde menos se lee? y ¿la piratería?

Lo primero que, para impulsar la lectura, se debería de hacer, modestamente, es lo que yo hago en el festival que dirijo. En Almoradiel, un pueblo de apenas 5000 habitantes. Lo que intentas es tener una mesa con muchísimas patas. Unas de esas patas son los clubes de lecturas de adultos, otra la biblioteca, el instituto, el ayuntamiento… Eso es primordial. Es primordial acudir a los institutos y que se impliquen los profesores. Que elijan lecturas estupendas para que se lean, y luego vaya el escritor, los alumnos hablen con él y le pregunten sus dudas. Yo creo que con eso se lee. Y, de hecho, en Castilla La Mancha tienen los mejores clubes de lectura de toda España. Y lo digo sin ninguna duda. Las firmas más masivas que yo he tenido han sido en sitios que ni conocía ni que sabía que existían.

Los clubes de lectura son fabulosos.

Y al hilo de esto, ¿cómo llegaste a Almoradiel?

Por mi segundo libro. Una persona que era concejala de cultura y también la directora del instituto leyó “Sangre intocable” y me escribió. Me dijo “el segundo mejor libro que he leído en mi vida”. Así, literal. Ni tan siquiera había leído “Sangre de barro“, pero me dijo que le había impactado. Y me dijo que quería que fuera porque “quiero que se lo lean como lectura obligatoria los chavales mayores”. Y lo hizo.

Llegué a ese pueblo, a un salón de actos lleno. Todos los que estaban allí se habían comprado el libro. Y, tengo que decir, que también se lo tengo que agradecer a Maeva, porque la editorial les mandó los libros muy baratos, y se portó muy bien. Una vez allí, di la charla durante dos horas, y aprovecharon que yo había ido para allí para que, por la tarde, se hiciera un club de lectura, en la biblioteca, del primer libro, de “Sangre de barro”. Dos horas firmando. Y de ahí surgió la idea de montar un festival, porque yo soy así. Yo me iba a las dos horas a Pamplona, pero aseguré que íbamos a montar un festival literario de primer nivel. Y llamé a los amigos escritores. Y así se fue gestando.

Ahora ya son 5 los institutos adheridos. Es el festival que más libros vende en España. Y. nosotros como autores, tenemos que acercarnos más a los pueblos.

En cuanto a la pregunta de la piratería, decirte que no hay voluntad política. ¿Y por qué? porque, en general, tenemos unos políticos analfabetos que no han llegado a leer un libro en su vida y si leen ha sido para el numerito, para la foto. Y esa es la realidad. Pocas veces he conocido a un político que lee. Es más, no he conocido ninguno. Lo digo en serio. Y me he relacionado con unos cuantos.

Y esa es la falta de ejemplo. Si tú no lees no tienes ese amor por los libros, que es lo que me compete, y te va a dar igual. Y, para erradicarlo, hay que empezar como se hace en otros sitios: si tú te descargas una o dos veces te van a avisar y te dirán, como se hace en Estados Unidos, te vamos a multar, sabemos quién eres. ¿Tú sabes cómo se asusta una persona con eso? Pues mucho.

Lo que decía, no hay voluntad política.

Muchísimas gracias por concedernos esta entrevista y dedicarnos parte de tu tiempo.

A ti.

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Maribel Medina
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Escritora

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