«El Último de la Fiesta»: Entrevista a su autor Dioni Arroyo

Dioni Arroyo: «En el futuro, la Literatura será, como siempre, esa puerta abierta que nos muestre el camino hacia la felicidad»

 

Hay escritores de los que no solo se agradece leer sus libros, sino también conversar con ellos. El vallisoletano Dioni Arroyo (1971) pertenece a esta clase de autores. Sentarse un rato con este escritor ya referente de la literatura de ciencia ficción española, es internarse en un reino de agradable diálogo en el que se reflexiona con facilidad sobre los cientos de temas interesantes que van surgiendo en la conversación con la fluidez con la que avanzan las aguas de un río caudaloso. La llegada a las librerías de su nueva novela El Último de la Fiesta (Apache Libros), una historia juvenil de ciencia ficción protagonizada por un joven de catorce años que se enamora de una Inteligencia Artificial en un ambiente con secuelas de radiactividad, hace que se hable de literatura y de su carrera literaria, pero también es la excusa para reflexionar sobre asuntos tan importantes para todos nosotros como el impacto de la tecnología o sobre el ecologismo. Y aunque se advierte su mirada optimista sobre el porvenir, también se comprueba una preocupación, como por ejemplo con el futuro de nuestro planeta en el que está convencido de que habrá una reacción masiva para su sostenibilidad ecológica, pero que «será ya demasiado tarde». ¿Nunca aprenderemos aunque tengamos todo lo necesario para lograrlo? ¿Tendrá razón el escritor? Volteaire decía que la historia nunca se repite, pero los hombres, siempre. Da que pensar. El lector podrá hacerlo con esta novela que es toda una aventura humanista, que es también una apasionada historia de amor y un bello relato de aprendizaje.

 

-El Último de la Fiesta (Apache Libros) es tu décima novela y tu undécimo libro publicado, aparte de muchas participaciones en diferentes antologías. Es una larga carrera ya, que implica mucho trabajo y una gran vocación. ¿Qué te hace sentir este undécimo libro?

-Con cada nuevo libro que veo publicado, se repite la misma impresión que viví con mi primera novela: la sensación de asistir a un momento importante, el momento de ver cómo tu sueño se convierte en realidad. Es una emoción que te llena de orgullo, de felicidad, y que estoy convencido de que es común en todos los escritores. Este es un oficio exclusivamente vocacional y hasta devocional, un oficio que no necesitamos para vivir, pero que sin él no sabríamos vivir. El proceso de soñar una historia, redactarla y leerla una y mil veces para mejorarla y verla terminada, y luego enviarla para que esté en manos de la editorial, y que meses después por fin se encuentre en las librerías, es un intenso proceso y una emoción maravillosa que da sentido a la existencia del escritor. Todo esto es la manifestación de una expresión artística que te ayuda a soñar despierto, a mantener la mente abierta ante cualquier idea original que se presente, ante cualquier movimiento a tu alrededor que despierte la chispa de las musas, de la imaginación y de la fantasía.

-El Último de la Fiesta es una nueva obra de ciencia ficción, género en el que has alcanzado ser ya una referencia en el panorama literario actual de nuestro país. Pero la verdad es que tienes algunos libros en otros géneros, como La Maquilladora de Cadáveres (Apache Libros), El Sabor de tu Sangre (Éride) o Gótica y Erótica (Éride), en los que alcanzas un nivel muy alto, ¿te gustan que te etiqueten como solo un autor de ciencia ficción?

-Prefiero considerarme escritor, sin etiquetas, decir que soy un escritor a secas. A lo largo de mi carrera, estoy convencido de que recorreré un camino de continua evolución, en el que escriba aquellas historias que me desgarren por dentro, sin tener en cuenta que sean de ciencia ficción o de cualquier otro género. En la actualidad atravieso una etapa en la que la ficción especulativa me ayuda a desplegar aquellas esperanzas que deseo y necesito trasladar al papel: son historias de entretenimiento, aventura y reflexión, características de este género que creo que comienza a revalorizarse en nuestro país. De este género he publicado seis novelas, como Metanoia (Éride, 2012), Fractura (Apache Libros, 2015), Fracasamos al Soñar (Nowevolution, 2016), Cuando se Extinga la Luz (Huso Ediciones, 2018), Un Mundo para el Olvido (Nowevolution, 2020) y El Último de la Fiesta (Apache Libros, 2020). La ciencia ficción siempre ha sido una invitación a la crítica, al pensamiento y al disfrute de los sentidos con argumentos de aventuras, suspense, amor y acción. Son ingredientes que en la actualidad me empujan a redoblar esfuerzos por seguir sumergiéndome en este género, pero no creo que sea siempre así. Por eso, aunque soy consciente de estar más que de sobra etiquetado, prefiero considerarme solo escritor.

-Tu anterior novela fue Un Mundo para el Olvido (Nowevolution Editorial), publicada este mismo año 2020. ¿En qué se diferencia de El Último de la Fiesta?

-Un Mundo para el Olvido es la historia de un funcionario de prisiones en busca de su identidad, en un mundo muy distinto al nuestro, mientras que en El Último de la Fiesta retrato la vida de un adolescente que siente atracción por una hermosa joven que, sin embargo, no es un ser vivo, sino una IA (Inteligencia Artificial). En ambos casos, con argumentos radicalmente distintos, hablo de la búsqueda de nuestros orígenes, de la necesidad que tenemos los individuos de hallarnos a nosotros mismos, de superar los desgarros existencialistas que depara la vida cotidiana, de personajes perdidos que, a través del amor y la sinceridad, pretenden alcanzar la felicidad y el sosiego. También tienen en común el trato que doy a los protagonistas, poniéndolos en apuros, castigo tras castigo, y situándolos en lugares hostiles, al borde del precipicio. Son personas obligadas a llevar una vida heroica a espaldas de su entorno, a actuar al límite para salvar sus vidas, ante el silencio de una sociedad que nunca reconocerá su impronta. En definitiva, es un reflejo del mundo en el que vivimos, una alegoría de nuestra triste realidad, dado que la vida apenas nos da oportunidades para demostrar lo que realmente valemos, de lo que somos capaces. A partir de estos elementos, nos encontramos ante dos novelas muy diferentes. Un Mundo para el Olvido se desarrolla en un lejano planeta, muy al gusto de la ciencia ficción clásica, en un lugar que ha vivido el mayor cambio climático de su historia, cambio atribuible a seres tan insensatos como nosotros. Tiene una fuerte aportación medioambiental y tintes sociales, y el argumento se aproxima al género negro, con un misterio que deberá desentrañar nuestro protagonista.

 

 

El autor en la pasada Feria del Libro de Valladolid.

 

«Me encanta retratar protagonistas jóvenes. El de El Último de la Fiesta tiene tan solo catorce años, aunque es bastante más maduro que la media de chicos de su edad».

 

-Como has dicho, tu nuevo libro se podría definir como una novela juvenil de ciencia ficción. ¿Por qué has querido hacer una novela para jóvenes? Hay autores que dicen que las historias juveniles y hasta las infantiles son para todos los lectores de cualquier edad, incluyendo a los jóvenes.

-Me encanta retratar protagonistas jóvenes. El de El Último de la Fiesta tiene tan solo catorce años, aunque es bastante más maduro que la media de chicos de su edad, y en Fractura (Apache Libros, 2015), otro de mis libros que publiqué hace un lustro, el protagonista nos va relatando su vida desde que tiene memoria hasta la juventud, aunque el grueso de la tragedia se desenvuelve en su niñez y adolescencia. En otra novela muy anterior, El sabor de tu sangre (Éride, 2014), una novela gótica coral con muchos personajes, la mayoría no llega a la mayoría de edad. Esos años se caracterizan porque los jóvenes poseen una mente bastante versátil, muy maleable y crítica, una edad en la que tienes derecho a equivocarte y no sucede ningún trauma si se rectifica, una etapa de la vida en la que se es menos rígido, con ideas abiertas y progresistas, pero con valores muy firmes, como la amistad o la solidaridad. Después, los años nos van castigando y volviendo más intolerantes, menos flexibles ante los problemas, y vamos perdiendo la capacidad de sorprendernos ante las novedades, de disfrutar de los buenos momentos. Con la madurez, todo comienza a ser el verso de la misma estrofa, una repetición de sucesos que cada vez nos sorprenden menos. Pero la adolescencia y la juventud es una etapa de la vida muy intensa que me encanta reproducir en las historias que desarrollo, y creo que a muchos lectores les deja un sabor nostálgico.

-El Último de la Fiesta (Apache Libros), como ya has apuntado, cuenta la historia de Marco, un joven sensible que se enamora en un entorno convulso de una chica que tiene como peculiaridad ser una Inteligencia Artificial. Cuéntanos, por favor, un poco más del argumento de esta distopía.

-He creado un mundo diferente al que conocemos, en el que se viven las terribles consecuencias del cambio climático así como una fuerte contaminación radioactiva, semejante a la que se ha vivido estas décadas en el entorno de Chernobil. En un barrio obrero degradado y miserable vive Marco, nuestro protagonista, en un momento histórico de avance de la inteligencia artificial en todas sus formas. En el instituto en el que estudia, no solo hay seres humanos, también encontramos IA indistinguibles de nosotros, cuyo fin es interactuar entre los chavales, aprender de ellos, comunicarse, empatizar, sabiendo que la edad de la adolescencia es la más apropiada para el desarrollo de sólidos valores humanistas. Marco sentirá una atracción cada vez mayor hacia Nora, y guardará el secreto de que ella es un robot, dado el rechazo que sufren estos seres artificiales, y que no deja de ser una metáfora, una alegoría de la marginación y exclusión social que han sufrido todos aquellos que han sido y son diferentes al resto; es mi particular homenaje a la diferencia y a la diversidad. A través de esa amistad sincera y cargada de sentimientos, les ocurrirá una serie de sucesos que les llevará a intentar comprender lo que está destruyendo el mundo, con una enigmática ola de suicidios y otros hechos que constituyen la trama de la obra. Es una novela que me ha permitido reflexionar sobre el devenir de nuestra especie y los dilemas éticos que encierra la llegada de la IA, cuando esta sea consciente de su existencia y se la dote de derechos equivalentes a los de los humanos.

Portada de «El Último de la Fiesta».

-El libro, como toda buena obra de ciencia ficción, es una advertencia de lo que podemos llegar a vivir; un toque de atención. ¿Qué peligros nos adviertes con esta nueva historia? ¿Tenemos que temer a la tecnología, y a la Inteligencia Artificial?

-No creo que debamos tener miedo de la IA, ni siquiera cuando alcance la tan temida singularidad. De quien hay que tener miedo es de los humanos, de los que la diseñan y fabrican, de sus sesgos ideológicos, de la clase social privilegiada que iniciará una nueva lucha de clases que enfrentará a los poseedores de las nuevas tecnologías y a los que no puedan acceder a ella, surgiendo nuevas diferencias sociales. También reflexiono sobre la llegada de la automatización y la reestructuración de tareas que conllevará; y así como también del transhumanismo, ese paso evolutivo de homo sapiens a homo ciborg que estamos a punto de dar en este siglo. Como ha sucedido siempre, los cambios radicales en muy poco tiempo nunca son tranquilos ni pacíficos, por lo que creo que este cambio al que estamos a punto de asistir, tampoco será una excepción.

-Es un relato muy bien escrito y estructurado que va llevando al lector hacia un final sorprendente. Eres un narrador, un auténtico narrador de contenido, y creador de unos personajes interesantes, así lo demuestra tu larga trayectoria. Concibes las historias como aventuras que entretengan, y que además emocionen y hasta hagan reflexionar. ¿Quiénes son tus autores de referencia? ¿Y qué libro te ha influido en especial, si es que lo hay, para escribir El Último de la Fiesta?

-Mis escritores favoritos siempre han sido Ray Bradbury, de quien admiro su capacidad para la prosa poética, así como Margaret Attwood, filosófica, inquietante y perturbadora en todas sus distopías. También Jorge Luis Borges, por sus relatos cortos, perfectos, precisos hasta la extenuación y capaces de sobrevolar una imaginación de incalculable valor, sin olvidar algunos clásicos como Arthur C. Clarke, Robert Heinlein, H.G. Wells o Karel Capek. Reconozco que para escribir El Último de la Fiesta me ha influido Svetlana Aleksiévich con dos obras a cual más deslumbrante: Voces de Chernobil y El Fin del Homo Sovieticus. De hecho, en mi particular ambientación de El Último de la Fiesta, que se trata de una ciudad agrícola de pequeñas dimensiones y con un paraje desolado y muy contaminado, mi intención fue proyectar algunos ambientes de la antigua Unión Soviética, en los que la radioactividad lo había estropeado todo, incluso las relaciones humanas.

 

“Pienso, y creo que lo hago bien, pero lo hago tarde”, este podría ser el lema de nuestra generación y de nuestro tiempo, una maldición en toda regla.

 

-En esta reflexión sobre nuestro presente y nuestro futuro, que es también este libro, ¿eres optimista?

-Creo que podemos ser optimistas en la reacción de la sociedad. Estoy convencido de que estamos a punto de dar un paso cualitativo en la evolución humanista. En la conciencia ecológica masiva y emergente, estamos a punto de iniciar una revolución ética, verde y de solidaridad con todos los pueblos de la Tierra, en especial con el mal llamado Tercer Mundo. Pero soy pesimista en cuanto a los tiempos. “Pienso, y creo que lo hago bien, pero lo hago tarde”, este podría ser el lema de nuestra generación y de nuestro tiempo, una maldición en toda regla. Sé que despertaremos y la reacción será impresionante, pero también estoy convencido de que será ya demasiado tarde para la esperanza. No podremos evitar el colapso y todos lo padeceremos, y me jode reconocerlo, pero lo padeceremos los que siempre hemos luchado por otro mundo, por provocar los cambios hacia un humanismo ecologista que respete el entorno y apueste por un desarrollo sostenible del planeta, porque quienes siempre se han opuesto y se han lucrado con la destrucción, pertenecen a otra generación, son una casta de privilegiados sin escrúpulos que morirán antes de ver la caída. Y morirán entre algodones, sin pagar por sus delitos. En definitiva, sé que reaccionaremos por el camino correcto, pero será demasiado tarde para evitar el caos.

-¿Cuáles son tus próximos proyectos?

-Llevo mucho tiempo trabajando en una novela extensa que también tendrá a la IA como tema central, pero con una ambientación y una trama muy diferentes. Relato una historia del futuro desde la actualidad hasta el 2041, con escenarios dispares de nuestro planeta y de Asgardia, el proyecto de estado nación ultraterrestre. También reivindico el idioma esperanto como hice en Un Mundo para el Olvido, como una lengua auxiliar común de la humanidad, un patrimonio de todos, y que se creó para unir a los pueblos. La tengo casi terminada, y los próximos meses iniciaré la fase de relectura, de pulido y abrillantado, una etapa más técnica y tediosa pero fundamental para perfeccionarla.

-Déjanos, Dioni, una frase que resuma El Último de la Fiesta. Y otra frase que nos anime a confiar en todo lo que nos puede traer el futuro, incluyendo el papel de la literatura y del arte en él.

-La primera: El mundo nunca es demasiado grande para el desafío de un adolescente con ganas de vivir. Y la segunda: La literatura, como siempre, será esa puerta abierta que nos muestre el camino hacia la felicidad.

 

 

El Último de la Fiesta

Autor: Dioni Arroyo

Apache Libros.

144 páginas.

12 euros.

 

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Sobre el autor

Jorge Curiel

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Jorge Alonso Curiel (Valladolid, España, 1975). Licenciado en Filosofía y Letras, es escritor, profesor de literatura española y ejerce también la crítica cinematográfica y literaria en varias revistas.Autor del poemario "Es Mejor el Sueño"; de la novela breve "Las Guerras han Terminado" (2011); del libro de relatos eróticos "Tu Mejor Pecado" (2011); del conjunto de relatos y microrrelatos "Yo Conocí a un Hombre Satisfecho" (2012), publicados por la editorial neoyorquina Babel Books Inc. También participó con varios cuentos en el libro "Mujeres" (2011), y con un diario ficcionado en "Yo a la Crisis la Guiso y me la Como" (2012), publicados también por Babel Books Inc. En 2013 publicó, en la misma editorial, una edición del clásico de la literatura española "El Lazarillo de Tormes", y el libro infantil "Paisaje de Risas", escrito a cuatro manos con la escritora mexicana María Robles Echeverría.En 2014 participó en el libro “Caricias y Batallas” (Ed. Ágora), donde comparte textos relacionados con el tema del amor junto a los otros diez escritores que formaban el colectivo literario vallisoletano “Los Perros del Coloquio”.En octubre de 2015, participó con el relato de terror y misterio “El perfume de la mala muerte” en la antología de fantasía, ciencia-ficción y terror “Kalpa 2015”, publicado por Éride ediciones, junto a nueve cuentos más de otros escritores españoles.En mayo de 2016 publicó "Saber moverse", un libro de relatos en la editorial Atlantis. Y en octubre salió a la venta, en la editorial Playa de Ákaba, su segundo poemario "Reflejos en el cristal cotidiano".En noviembre del mismo año salió a la venta la antología de relatos "Pucela negra y criminal" (M.A.R. Editor), en la que participa con una historia criminal ambientada en un conocido barrio de la capital vallisoletana.En octubre de 2017 publicó su libro de relatos "La noche del escaparate" (Ediciones Atlantis).En 2018 participó en la antología "Castilla, puerta de la Historia" (MAR Editor); y en septiembre del mismo año apareció el libro de relatos "Media hora" (Apache Libros).Durante 2019 participó en dos antologías solidarias: "Equilibrar los tiempos" (TarQus), y en "Ella" (Ayuntamiento de Valladolid).En 2020, Ediciones Vitruvio publicó su tercer poemario "Las Manos del Sueño".En 2021 apareció la novela negra titulada "El Alumno inquietante" (Apache Libros).Ha resultado ganador y finalista en incontables certámenes literarios.

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