Crítica de ‘La gran apuesta’: Feroz e hilarante análisis de la última gran crisis económica

Ryan Gosling, Christian Bale, Steve Carell y Brad Pitt protagonizan La gran apuesta, una de las películas candidatas a los próximos premios Oscar, y nos introducen en los despachos de los “salmones” que supieron ver la gran crisis del sistema financiero estadounidense y mundial.

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Ryan Gosling y el equipo de Steve Carell debaten sobre cómo sacar provecho de un sistema que saben que va a quebrar

Agencias de calificación, hipotecas subprime, fondos buitre, burbuja inmobiliaria… De un tiempo a esta parte nos hemos familiarizado (demasiado) con toda esta terminología económica para tratar de comprender la mayor quiebra financiera de la historia reciente. Sin habernos recuperado aún de sus consecuencias, llega a los cines La gran apuesta del director Adam Mckay (Hermanos por pelotas), película con la que precisamente ha ganado un merecido reconocimiento con cinco nominaciones a los Oscar, entre las que se incluyen mejor película y mejor director.

Basada en el libro homónimo de Michael Lewis (The big short), La gran apuesta realiza un análisis demoledor de la crisis económica mundial cuyo epicentro tuvo lugar en Estados Unidos con aquellas famosas hipotecas subprime con las que unos cuantos (siempre la banca, los poderosos y los avispados que sabían oler el dinero) se bañaron literalmente en dólares confiando en la solidez del sistema inmobiliario y a costa de vender humo a las clases medias-bajas. Sólo unos pocos – dentro de ese mismo sistema perverso – supieron ver que aquello iba a derrumbarse de un momento a otro y decidieron ir como los salmones, a contracorriente de los grandes tiburones de Wall Street.

Apuesta por lo innovador

Bajo una propuesta de lo más original McKay rompe los esquemas narrativos clásicos en un  hilarante y virtuoso trabajo que se salta de tanto en cuanto la cuarta pared (de forma muy acertada), ya sea mediante la interpelación directa con la audiencia de algunos de los personajes de la trama principal (como el de Ryan Gosling) o mediante la introducción de metarrelatos de personajes completamente ajenos a la historia. Así se introducen por ejemplo cameos protagonizados por la actriz Margot Robbie (El lobo de Wall Street), la actriz, cantante y ex estrella Disney Selena Gómez o todo un referente – por lo visto – de la gastronomía estadounidense como es el chef Anthony Bourdain para explicar – porque resulta realmente necesario – términos de esa críptica jerga financiera que satura los diálogos  de la película.

Asimismo el director se nutre de un lenguaje audiovisual de lo más rico: Lo mismo emplea la cámara para contarnos la historia con una factura documental como también recurre a un montaje ágil, con imágenes muy “picaditas”, que recuerdan a algunos formatos televisivos de docureality o series en esa misma línea. Al fin y al cabo, a medida que avanza la historia asistimos como espectadores a un auténtico espectáculo que provoca estupefacción, entretiene – y mucho – pero, ahí radica la principal virtud del filme, no enmascara la verdadera monstruosidad de unos hechos que hoy seguimos padeciendo.

¿Quién es quién en la pecera de Wall Street?

De nada serviría toda esa puesta en escena sin un reparto a la altura de la misma, y si por algo ha apostado McKay es por hacerse con un potente elenco de actores. Bajo una creíble caracterización Ryan Gosling, Christian Bale, Steve Carell y Brad Pitt, entre otros, se meten en la piel de unos personajes basados en personas reales, en gurús de las altas esferas financieras  cuyas cualidades comunes podrían ser el esperpento, la egolatría y unas altas dosis de testosterona donde lo que importa es quién tiene la cartera más abultada.

La gran apuesta

Christian Bale interpreta a Michael Burry, el “genio” que apostó por la quiebra del mercado inmobiliario estadounidense

Destaca en este sentido la gran interpretación de Christian Bale, metido en la piel de Michael Burry, el “bicho raro”, el excéntrico, el solitario y en definitiva el genio que apostó contra el sistema estadounidense. Sorprende Steve Carrell, quien últimamente se viene consolidando como actor dramático, en el papel del que podría ser considerado “el héroe” (que no lo hay) de la película, Mark Baum, el analista inversor en proceso de desintoxicación de un sistema que ama y odia al mismo tiempo. Por su parte Ryan Gosling, aunque en su línea de personajes poco sonrientes, despierta “simpatía” con su chulería y egocentrismo en el papel de Jared Vennet, ávido inversor de una gran sucursal bancaria. Finalmente  Brad Pitt resulta, como siempre, correcto, en el papel de Ben Rickert, un peso pesado del mundo de las finanzas retirado ya de ese mundo pero que le hace la colada a un par de jóvenes con ganas de sacar tajada.

La gran apuesta resulta pues un filme realmente entretenido que, valiéndose del humor y la sátira, deja constancia del engaño urdido por los grandes poderes económicos estadounidenses y mundiales que provocaron el hundimiento de algunos de ellos (los pocos) y ahogaron a los más débiles del sistema: Los ciudadanos. Al final, en esta historia que, desgraciadamente volverá a repetirse, los que ganan son siempre los mismos y no importa la nueva amalgama de términos bursátiles, palabras y vocablos sinsentido que puedan volver a inventarse para disfrazar lo que a todas luces queda realmente claro: El sistema es un fraude.

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