Crítica de “Baby Driver”, de Edgar Wright, con Ansel Elgort y Kevin Spacey

“Baby Driver”, del realizador Edgar Wright, es un entretenido relato de atracos atisbada por una desenfrenada acción y un destacado soundtrack. Estelarizan Ansel Elgort, Kevin Spacey, Jamie Foxx y Jon Hamm.

La música es la composición de melodías, armonías y ritmos que han acompañado al hombre desde tiempos inmemoriales. Sin ella, la vida sería un error, de acuerdo a palabras del filósofo alemán Friedrich Nietzsche y para el individuo común es el vehículo de expresión de los sentimientos que esconde el alma, así como un instrumento para potencializar y facilitar el desarrollo de las facultades físicas y mentales.

Su uso es capaz de crear motivación en el atleta para mejorar sus marcas deportivas, de acompasar la expresión artística en sus diferentes vertientes y de canalizar las emociones experimentadas en los ámbitos de la vida. En “Baby Driver” (2017), los elementos musicales plasman su influencia en el desempeño de un joven con padecimientos de audición, además de convertirse en un eslabón argumentativo. El filme es conocido también por el título latinoamericano “Baby: El Aprendiz del Crimen”.

Trama de “Baby Driver”: Melomanía sobre ruedas

A pesar de su problema de audición Baby (Ansel Elgort) es un prodigioso conductor de autos especializado en fugas que labora para Doc (Kevin Spacey), líder criminal con quien tiene una deuda monetaria.

El joven se enamora de Debora (Lily James), buscando abandonar su oscuro modo de vida para permanecer a su lado. No obstante, será obligado a ejecutar otro atraco y a causa del malogrado golpe, tendrá que salvar a sus seres queridos y tomar importantes decisiones para obtener su libertad.

Crítica de “Baby Driver”: Entretenida coreografía de autos y golpes criminales

Película Edgar Wright

Baby Driver (2017) Depeliculatv Facebook

El británico Edgar Wright, con un relato basado en el videoclip “Blue Song” (2003), dirigido por el propio realizador para la banda Mint Royale, exacerba el periplo del joven enfrascado en el mundo criminal a causa de su pasado como ladrón de autos con un confeccionado estilo visual regido por la precisión de la coreografía de persecuciones automovilísticas, intercambio de disparos  y la presencia de un soundtrack ecléctico que se une a la estructura de la trama.

Con el trabajo más maduro de su filmografía, Wright, sin abandonar la excentricidad en su estilo, con más desparpajo en el tributo geek de “Scott Pilgrim vs The World” (2010) y en el viaje pub londinense durante un apocalipsis en “Una Noche en el Fin del Mundo” (The World´s End, 2013), ejecuta un recorrido de transición personal a través de la variedad musical. Desde la fijación amorosa con “Debora” de T. Rex, el conflicto romántico con la voz de Lionel Ritchie, la adrenalina del escape acompasando al reggae de The Modern Lovers y la reiteración de la salvación con el barítono de Barry White, construyen también el propio carácter de Baby, dependiente de la melomanía para funcionar con un poco de normalidad como conductor, obligado a realizar un viaje hacia la madurez que lo instan a tomar decisiones en busca de su independencia personal.

Un antihéroe joven, delgado, subestimado por su silente comportamiento, renuente al uso de armas o movimientos de artes marciales, alejado del prototipo de acción de Jason Statham, Arnold Schwarzenegger o Bruce Willis, atestiguando una cultura pop noventera que lo distraen de la turbulencia que vive y lo educan en su forma de lidiar con sus “colegas” criminales, sin importar si se trata de fragmentos de “Toy Story” (1996) o “Los Pequeños Traviesos” (The Little Rascals, 1994).

Alejado de la seriedad reflexiva y también melómana de “Drive” (2011) y guardando una esencia de los filmes heist de los setenta, el frenesí visual cuenta con atisbes de humor y toques de excentricidad, así como ciertos estereotipos clásicos en los que el romance representa la redención del protagonista, el peligro con la explosividad de Bats (Jamie Foxx), la curiosidad con la química de Buddy (Jon Hamm) y su joven esposa Darling (Eiza González) y la figura paterna que desempeña Doc, quien, extrañamente, complica los planes personales de Baby.

Con una trama que tiene giros argumentativos un tanto excesivos, “Baby Driver” es el auto de excesos, entretenimiento, persecuciones, acción y estridencia que representa un intento por madurar ante el deseo por obtener una libertad responsable, con evocaciones románticas, la clandestinidad y el esclavismo de la criminalidad.

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Baby Driver
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