Ser hombre, costos y desventajas ¿Cómo los perjudica el machismo?

Ser hombre en la actualidad puede llegar a ser un factor de riesgo en sociedades machistas; se habla mucho de que el machismo afecta terriblemente a las mujeres provocando desigualdad de oportunidades, violencia sexual, violencia física, etc.; pero nunca o pocas veces se habla de cómo el sistema de organización patriarcal afecta a los varones.  Ellos también sufren de las consecuencias del machismo y en muchos casos ellos también pueden ser víctimas.

Ser hombre significa educar a los niños  fomentando la actividad física,  la iniciativa,  el liderazgo,  la responsabilidad sobre otros/a etc; pero también se fomenta en ellos la agresividad, la competencia, el dominio sobre las mujeres, la sexualidad como un impulso incontenible, la fuerza y la trasgresión de las normas, el control de las emociones y sentimientos, que son elementos que enajenan al individuo. Toda la sociedad y los mismos hombres pagan un precio por estas conductas.

 

El deporte fomenta en los hombres ls competitividad

El deporte fomenta la competitividad en los hombres.

Todos los niños han sido educados en el machismo;  que se define como un conjunto de creencias, actitudes y costumbres que sostienen que el hombre es superior respecto a la mujer; esta idea surgió durante la instauración del patriarcado, que surgió hace 4, 000 mil años y se define como la forma de organización social en el cual las relaciones se basan en el dominio de los hombres sobre las mujeres.

Se aprende a ser hombre y ser mujer, desde la infancia, a través de la socialización de género, esto quiere decir que se espera que los niños asuman comportamientos que se consideran masculinos y eviten todos aquellos considerados femeninos, por ejemplo, la expresión de sentimientos, la sensibilidad, la ternura, etc. En cambio se educa a los niños para que tomen decisiones, den órdenes y para que de mayores;  sean quienes ejerzan el poder tanto en la vida privada al convertirse en jefe y sostén de familia, como en la vida pública al ser quienes ejerzan cargos de poder en las empresas etc.

El poder es la característica que predomina en el modelo tradicional masculino.  Para algunos hombres, obtener poder se convierte en una obsesión, buscan constantemente ser valientes, ganadores, competitivos y agresivos.

Reprimir las emociones causa enfermedades psicosomáticas. Primer costo.

Los hombres, en primer lugar, como cualquier ser humano, tienen sentimientos, necesidades, deseos, etc.; pero pocas veces son capaces de hablar sobre ellos porque no saben cómo hacerlo, ya que desde la infancia, se les reprimió esta cualidad por considerarla típicamente femenina. Ahora se sabe que el hecho de que los hombres repriman sus sentimientos y se nieguen a hablar de lo que sienten o les duele,  no significa que no tengan necesidad de expresarlo.  Incluso, hay estudios psicológicos y médicos que aseguran que reprimir las emociones suele traer consecuencias muy graves para la salud y desencadenan  en enfermedades psicosomáticas.

Una queja constante de muchas mujeres hacia los hombres es precisamente su falta de comunicación y expresión de sentimientos. Estos hombres se muestran siempre duros y fríos, como si nada los conmoviera; sin embargo podrían ser  víctimas de algunos padecimientos como enfermedades gastrointestinales o problemas del corazón, etc.

Según el modelo tradicional masculino hegemónico, los hombres tienen prohibido hablar de sus emociones o malestares, porque se cree que expresarlos en sinónimo de debilidad y generalmente, al hombre se le exige ser fuerte.  Existe también miedo a que se les juzgue de homosexuales si demuestran cariño por medio del contacto físico hacia otros hombres e incluso temen que pueden llegar a cambiar de preferencia sexual si mantienen este tipo de contacto con frecuencia;  no es  cuando se encuentran con copas de demás, que son capaces de demostrar su afecto.

Sin embargo, aunque son muchos los hombres que ocultan ante sus amigos y conocidos sus expresiones de amor y ternura hacia sus parejas, hijas, hijos, etc.; es en la privacidad de su hogar en que empiezan a darse permiso de ser sensibles; e incluso de participar en tareas del hogar,  pues solo allí se sienten a salvo de hacerlo sin ser objeto de burlas de otros compañeros que los tachan de mandilones o cualquier otra expresión parecida.

La represión de los sentimientos entre hombres es mayor

Los hombres callan mucho más que las mujeres

Agresividad y violencia, mueren más hombres por conductas violentas, segundo costo.

Muchos niños son obligados a comportarse en forma violenta, pues de lo contrario son rechazados por sus padres y compañeros. Si un hombre joven evita los enfrentamientos violentos, puede ser rechazado por el grupo al que pertenece o desea pertenecer y ser etiquetado como “poco hombre” o “afeminado”

Hay una relación particular entre violencia e identidad masculina que se fomenta y reconstruye,  pues se cree que los hombres poseen una naturaleza violenta y este comportamiento se fomenta desde la infancia y se normaliza, cuando por ejemplo, un chico es agredido en el cole;  lo que le dicen sus padres es “que no se deje” “que se defienda” “que sea hombrecito”  y  desde ese momento la conducta violenta se normaliza y se asume como parte natural de ser hombre.

Como hemos aprendido que “a una mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa” es muy común que las muertes violentas de mujeres nos indignen, pero es preocupante que ante las muertes de los hombres no digamos nada, es decir, que desgraciadamente éstas están más naturalizadas y es un hecho preocupante.

Existen estudios y cifras realmente alarmantes que demuestran que en la mayoría de casos de mortandad por homicidios,  violencia callejera o ataques de pandilla, las víctimas resultan ser hombres;  debido a que el modelo de masculinidad hegemónica no tolera la cobardía en los varones.  Es como si tuvieran que demostrar a través de la violencia y la agresividad lo “hombres que son”

Según  la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en su  Estudio Mundial Sobre el Homicidio (2013)  reveló que a nivel mundial,  79 por ciento de las víctimas de homicidio son hombres y 95 por ciento de los homicidas también son varones.

A nivel mundial, la tasa de homicidios masculinos es casi cuatro veces mayor que la de mujeres; sin embargo los niveles más altos de mortandad en los varones se dan en los espacios públicos, perpetrados por alguien a quien ni siquiera conocían, al opuesto en las mujeres donde casi la mitad de las víctimas son asesinadas por las personas más cercanas a ellas.

A nivel global, la tasa de homicidios de hombres es casi cuatro veces mayor que la de mujeres (9.9 contra 2.7 por cada 100 000), siendo la más alta la de América, lo cual es un factor alarmante.

Las principales causas del homicidio tienen que ver con el uso del alcohol y el efecto de drogas ilícitas;  que aunque están menos documentadas,  están directamente asociadas al comportamiento violento.

Un análisis sobre quiénes son las víctimas del alcohol, del tabaquismo y de los accidentes automovilísticos, nos hace ver que “beber como un hombre”, o manejar con agresividad y sin prudencia, como hacen muchos hombres jóvenes,   puede tener un precio muy elevado.

En conclusión, podemos decir que los hombres viven menos años que las mujeres,  porque están  más expuestos a estos condicionamientos sociales que atentan contra su vida.

Trabajan más, llevan la gran responsabilidad de ser proveedor, tercer costo.

Según estudios del antropólogo David Gilmore (1994)  en todas las sociedades patriarcales los hombres deben cumplir con 4 mandatos para ser considerados hombres de verdad. Estos son: ser proveedores, ser protectores, ser procreadores y autosuficientes.

El tercer costo tiene que ver con el mandato de ser proveedor, que “obliga” a que los hombres sean los jefes de familia, es decir, los principales responsables de llevar el sustento o dinero a la casa y mantener la economía familiar al precio de buscar y mantener empleos muy demandantes;  a los que deben dedicar gran cantidad de tiempo con el fin de generar los ingresos suficientes para mantener a toda una familia. Este mandato les impide, por ejemplo, disfrutar de otros aspectos importantes de su vida como el cuidado de los hijos e hijas, su relación de pareja, su auto cuidado,  salud y el ejercicio de otras actividades.

Como si esto no fuera suficiente, además de sufrir de largas jornadas y mayores exigencias en el trabajo;  se suelen enfermar más y morir más prematuramente que las mujeres, sumando el hecho de que en esta sociedad en que los roles de hombres y mujeres están tan definidos, un hombre que;  por circunstancias externas como las crisis económicas, recorte de personal en su empresa o despido, se encuentren en situación de desempleo significa un golpe muy grande a su ego que termina provocándoles depresión, sentimientos de vergüenza o culpa, porque socialmente un hombre que no tiene trabajo se ve peor que una mujer.  Muchas veces los hombres no hablan de los sentimientos que genera esta situación al grado de sentirse muy humillados y sin valía personal.

La situación se agrava en las comunidades del país más pobres en que este hecho los obliga a perder su rol dentro de la familia y a abandonarla en muchos casos,  al no poder cumplir con este mandato de manera cabal.

No depender de nadie, soledad,  cuarto costo.

 El mandato de ser autosuficientes significa hacer todo solo, no necesitar ayuda, ni depender de nadie,  tanto en el ámbito económico como en otros ámbitos de la vida, pero esto a la larga suele traer sentimientos de soledad y frustración.

Los hombres y la soledad

Ser hombre lleva implícito el mandato de ser autosuficiente, no depender de nadie, ni expresar sentimientos, esto provoca muchas veces sentimientos de soledad.

Este mandato les hace creer que pueden solos con todo, que siempre deben saber lo que hay que hacer, que no se pueden equivocar y que no deben mostrar dudas o inseguridad, porque los hombres se supone, siempre saben lo que quieren.

Conductas de riesgo en el ejercicio de la sexualidad, quinto costo.

El mandato de ser hombre procreador  les hace creer a los varones que ser un verdadero hombre es tener la capacidad de fecundar y engendrar hijos; sin embargo, la otra cara de la moneda suele derivar en la creencia falsa de que los hombres deben ser siempre sexualmente activos, con lo cual se fomenta, justifica y normaliza el hecho de tener conquistas amorosas permanentes.

Este mandato además suele promover conductas de riesgo en el ejercicio de su sexualidad,  los orilla a tener relaciones sexuales sin protección exponiéndolos a embarazos no deseados y a contraer enfermedades de transmisión sexual, como el VIH/sida, sífilis, hepatitis B y C, entre otras.

Incapaces de percibir el riesgo, sexto costo.

El mandato de ser hombre protector obliga a los varones a demostrar su valentía, enfrentar peligros y mantener todas las situaciones bajo control, también se espera que no se dejen amedrentar, que defiendan su territorio y lo suyo, trayendo como consecuencia que se vuelvan incapaces de percibir el riesgo y a la par, que sean incapaces de cuidarse a sí mismos.

Ser protectores significa que se les impone la responsabilidad de cumplir con la función de proteger a las demás personas;  especialmente a las mujeres, por considerarlas débiles, pero esto a la larga, se transforma en un control hacia ellas, lo cual fomenta también que las mujeres sean dependientes de ellos y que constantemente ellas demuestren que los necesitan, lo cual se vuelve un ejercicio de poder.

Parece ser que los hombres tuvieran que estar demostrando todo el tiempo su hombría, a través de estos mandatos y comportamientos.  Es como si todo el tiempo estuvieran a prueba y tuvieran que convencer a las mujeres y a ellos mismos, lo machos, viriles y hombres que son, ejerciendo todo el tiempo su poder sobre las mujeres y otros hombres, ganando dinero, enfrentando peligros, negando el miedo, escondiendo los sentimientos, ostentando la potencia sexual, en definitiva, mostrándose como si tuvieran una armadura de hierro; sin embargo como ya hemos analizado, ser hombre no resulta fácil en esta sociedad machista pues los costos que tienen que pagar los varones para demostrar que son muy hombres son demasiado altos.

Es importante señalar que los mandatos analizados,  también son aprendidos por las mujeres y  representan las expectativas que como mujeres tenemos de ellos.

hombres deprimidos.

Los hombres también sufren los efectos del machismo

Tal vez,  se espera demasiado de los hombres y de ahí que también vengan muchas decepciones.  No debemos olvidar que los varones también son seres humanos y que debemos de empezar a verlos como tal.

Reflexionar sobre las exigencias y limitaciones que el modelo tradicional masculino impone a los hombres, es importante con  el fin de  ayudar a los varones a  descubrir  otras opciones de comportamiento masculino,  que les permitan mejores formas de relación consigo mismos y con los demás hombres  y mujeres.

 

 

 

 

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