La luz artificial que ilumina nuestras ciudades está produciendo una nueva forma de amenaza: la contaminación lumínica. Este fenómeno afecta no sólo a la visión de las estrellas, sino a la seguridad y la salud alterando los ritmos de vida de aves, insectos y otros animales.

Contaminación lumínica

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La humanidad estuvo atada a los ciclos día-noche hasta que fue capaz de dominar el fuego, rompiendo con la dependencia absoluta hacia la luz solar. Desde entonces, la luz ha acompañado al hombre en sus avances culturales y científicos. Tanto es así, que el mundo moderno ha convertido la luz en un indicador de progreso y bienestar, siendo incluso sinónimo de inteligencia o inspiración. No en vano existen dichos o frases como: “El siglo de las Luces”, “Y la luz se hizo”, “Se me iluminó la cabeza y encontré la solución”.

No obstante, si nos sumergimos en la realidad diaria de nuestro presente, el derroche de luz en nuestros días se ha convertido en un problema, y no solo para nuestros bolsillos. Desde la Oficina Técnica para la Protección de la Calidad del Cielo del Instituto de Astrofísica de Canarias nos comentan: “Hay una ignorancia general que hace creer que cuanta más luz, mejor. La población en general no tiene educación sobre iluminación y los ayuntamientos la usan de forma irracional, muchas veces para resaltar nuevas obras realizadas o pretender probar con el exceso de luz artificial en las urbes y barriadas una buena gestión en la cobertura de necesidades de los ciudadanos”.

 

Contaminación lumínica.

El exceso de iluminación artificial perjudica a las personas y al medio ambiente.

 

Los técnicos llaman contaminación lumínica a la luz que no es aprovechada para iluminar el suelo o las construcciones. Esta luz se pierde porque el haz luminoso no se dirige eficientemente hacia su objetivo o porque la longitud de onda del foco emisor no es percibida por el ojo humano. Hay distintas formas de contaminación lumínica: la dispersión hacia el cielo (el “globo luminoso” o skyglow), la intrusión y el derroche energético.

 

Ciudades sin estrellas debido a la contaminación lumínica

La dispersión forma un globo luminoso sobre las ciudades, apreciable a mucha distancia. El halo luminoso de Madrid, por ejemplo, asciende a más de 20 km de altura y ocupa un radie de unos 50 km alrededor de la capital. Las luces de Barcelona son visibles desde la Sierra de la Tramontana de Mallorca (sobre todo en las jornadas en las que se celebran partidos de fútbol). En noches limpias, un navegante podría llegar desde las Baleares al puerto de Barcelona guiándose únicamente por el resplandor de la ciudad. Es el adiós a los sextantes y a los cálculos que los antiguos marineros realizaban con la ayuda de la estrella Polar y otros astros.

Para hacernos una idea más cercana de lo que está ocurriendo, es conveniente saber que el globo luminoso urbano se produce por la reflexión de la luz en las partículas de polvo y de agua suspendidas en el aire. Esta luz proviene de las luminarias de alumbrado público mal orientadas o mal diseñadas: es el caso de los globos esféricos, habituales en muchos barrios y urbanizaciones. Según datos de la Agrupación Astronómica de Madrid, estas farolas aprovechan únicamente un 25% de la luz que emiten. El resto se pierde al traspasar tener que traspasar la luz el vidrio blanco que recubre la bombilla, que debería ser transparente, y también se pierde por enfocarse la iluminación hacia el cielo por la parte superior del globo. Otro ejemplo son los proyectores usados en los campos deportivos: un solo foco proyector con una lámpara de 400 vatios e inclinado más de 20º respecto al horizonte, deslumbra más que todo el halo de luz de una población de 1.000 habitantes.

 

Contaminación lumínica

Las farolas convencionales generan una grave contaminación lumínica.

 

Farolas que provocan alteraciones en el sueño

La intrusión lumínica en los hogares se produce cuando las luminarias que están en las calles se sitúan muy próximas a las viviendas o incluso se enfocan directamente hacia las fachadas de las casas, que reciben buena parte de esta luz mal orientada. El asunto no está exento de inconvenientes. Por ejemplo, en lugares cálidos una farola próxima a una ventana es una fuente de insectos para la vivienda, y que obliga para poder dormir sin luz a bajar las persianas y a no disfrutar del aire fresco de la madrugada. Y en las casas sin persianas, sus habitantes presentan todo tipo de trastornos del sueño cuando tienen alguna de estas farolas cerca.

Son muchos y variados los estudios médicos publicados en los últimos años que revelan dificultades del sueño, alteraciones nerviosas y cambios de carácter en personas que padecen este tipo de problemas en su vivienda.

Tan importante es la iluminación para el descanso, que se ha observado que los bebés que duermen en habitaciones iluminadas con dispositivos como los indicadores electrónicos a distancia de los aparatos de vigilancia de bebés o las pantallas de relojes electrónicos, descansan peor y tienen más alteraciones del comportamiento que los bebés que duermen en una habitación oscura.

Luces LED para ciudades menos contaminantes: Nueva York 2017

Si la excusa para el exceso de luz urbana es la seguridad, demasiada iluminación es tan mala como su escasez. Cada año, el informe al respecto del Ayuntamiento de Nueva York viene a demostrar que los focos mal orientados producen deslumbramiento. Además, éstos no hacen que disminuya el vandalismo callejero, según sus datos publicados. De hecho, el ayuntamiento de Nueva York anunció en diciembre de 2013 que sustituiría todas sus farolas urbanas por luminarias LED para reducir la contaminación lumínica. El plan es sustituir las más de 250.000 farolas entre 2014 y 2017. La tecnología LED mejora la focalización de la luz y es más eficiente, con lo que reduce la contaminación lumínica sin llegar a eliminarla del todo. Con esta medida se pretende también ahorrar 14 millones de dólares al año en la factura energética.

Ciudades como Buenos Aires, Berlín, Los Ángeles, Sydney o Lyon ya utilizan bombillas LED para el alumbrado público. En España, una de las ciudades pioneras en adoptar este tipo de iluminación menos contaminante ha sido Vitoria.

 

Contaminación lumínica.

Las luces de las grandes urbes opacan el cielo. Ciudades como Nueva York ha decidido apostar por las luces LED en su alumbrado.

 

Una mayor iluminación en las ciudades no es sinónimo de mayor seguridad

Otro punto relativo a la seguridad, o a la falta de ella, son las rotondas iluminadas en exceso, que al contrario de lo que muchos puedan pensar, no disminuyen el número de accidentes de circulación. La explicación es que nuestro ojo aprecia la luz gracias a unas células llamadas “bastones”. La sensibilidad de los bastones depende de una molécula, la rodopsina, que para ser efectiva necesita un tiempo para llenar la célula. Ese tiempo de adaptación es el que necesitamos cuando salimos de una habitación muy luminosa a otra oscura, por ejemplo. El mismo proceso sucede al pasar de una carretera oscura a una rotonda muy iluminada, y salir rápidamente de ésta a la carretera oscura. Nuestro ojo sencillamente no tiene tiempo suficiente para la adaptación al cambio repentino de luz y, en la rotonda, perdemos agudeza visual, aumentando así el riesgo de colisión.

 

Ventajas de un cielo oscuro

  1. Disminuye el consumo de electricidad: disminuye el uso de combustibles fósiles y radiactivos, se reduce la emisión de gases invernadero y gases ácidos (óxidos de nitrógeno y azufre), se reduce el cambio climático y la lluvia ácida.
  2. Aumenta la seguridad en las carreteras al mantener niveles luminosos más uniformes y evitar deslumbramientos a los conductores.
  3. Evita luz indeseada en las viviendas.
  4. Protege el ciclo circadiano de los ecosistemas naturales y sus seres vivos.
  5. Reduce los residuos tóxicos producidos por las lámparas usadas, principalmente las de mercurio.
  6. Permite la investigación astronómica y el disfrute de los aficionados.

 

La contaminación lumínica y los seres vivos

  • La luz artificial urbana altera el comportamiento de los seres nocturnos:
  • El 90% de las mariposas son nocturnas y han evolucionado a esa forma de vida pra protegerse de sus cazadores. Las luces las atraen y son presas fáciles de los murciélagos. Así se rompe el equilibrio natural depredador-presa a favor de los mamíferos y en contra de los insectos y otras aves cazadoras.
  • El halo luminoso urbano deslumbra y desorienta a las aves migratorias que aprovechan la luz de las estrellas para navegar en la oscuridad. Muchas acaban perdiéndose o incluso estrellándose contra edificios y muros.
  • La radiación ultravioleta de los focos de mercurio y halogenuro interfiere en la visión nocturna de algunas rapaces como el búho y la lechuza.
  • La fauna diurna de las ciudades, que descansa en paredes y aleros iluminados, no disfruta del ritmo día-noche para el que está naturalmente programado su organismo.

Contaminación lumínica

La contaminación lumínica crea desorientación en las aves.

 

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 Derroche energético y exceso de iluminación en barriadas y ciudades

El globo urbano y la intrusión luminosa se traducen en derroche energético: nuestra sociedad obtiene electricidad principalmente a partir de energías no renovables (petróleo, carbón, uranio) y saltos de agua. Las centrales térmicas productoras de electricidad son uno de los grandes focos de gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático y de la lluvia ácida. Las centrales nucleares, por su parte, aún no saben qué harán con sus residuos cuando acabe su vida industrial. ¿Necesitamos tanta electricidad como para mantener esas fuentes directas de contaminación convencional?

La solución reside en la aplicación de la lógica y el uso más racional y sostenible de la energía y los recursos. Y más cuando, como en este caso, está más que demostrado que el planeta sufre de exceso de iluminación artificial, con un efecto adverso para los seres que habitan el planeta, incluido los seres humanos. Son muchas las iniciativas puestas en marcha para frenar la contaminación lumínica por parte de ayuntamientos y de diferentes legislaciones en distintos países. Pero aún sigue siendo una asignatura pendiente que todos debemos ayudar a solucionar, tal y como se expresa en la Declaración de los Derechos de las Generaciones Futuras de la UNESCO: “Las personas de las generaciones futuras tienen derecho a una Tierra indemne y no contaminada, incluyendo el derecho a un cielo puro”.

 

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