La depresión es habitualmente detectable cuando en una persona se observan sentimientos de tristeza, apatía, desolación y desesperanza de larga duración que interfieren en su vida diaria. No obstante, a veces esta enfermedad se presenta sin evidenciar señales claras. Su identificación temprana posibilita el apoyo y la ayuda profesional necesaria.

Las enfermedades crónicas graves, los cambios en la química del cuerpo, las transiciones importantes de la vida, el estrés y la falta de equilibrio en determinados aspectos mentales y emocionales son causas asociadas a este trastorno del estado del ánimo.

La depresión afecta a personas de cualquier edad, condición económica y nivel educativo. Requiere una atención especializada, ya que sin tratamiento se vuelve crónica. Los síntomas pueden durar meses, años y agravarse hasta el punto de llevar a tentativas de suicidio. En cada etapa de la vida, las manifestaciones que predominan difieren, así el trastorno depresivo en la vejez presenta mayormente otras características que las de una población infantil.

Claves para reconocer las manifestaciones de los estados depresivos encubiertos

Persona deprimida

Detectar los síntomas de la depresión enmascarada es importante para comenzar con el tratamiento -Public DomainPictures

La persona que padece una depresión oculta, llamada también enmascarada o equivalentes depresivos presenta uno o varios de los siguientes indicios:

  1. Abuso de drogas y alcohol en un intento infructuoso por sentirse mejor.
  2. Cambios repentinos de apetito y peso. Consume alimentos altos en azúcar y grasa que contienen muchas calorías o por el contrario limita la ingesta calórica.
  3. Alteraciones del sueño. El período de descanso se ve afectado por el insomnio o la tendencia a dormir demasiado.
  4. Dificultad para concentrarse y reducción de la productividad que afectan su vida social y laboral.
  5. Síntomas psicosomáticos que se manifiestan en el aparato digestivo como gastritis, úlceras, constipación, vómitos, diarreas y colon irritable. En la piel, encontramos dermatitis, psoriasis, urticarias, eccemas y caída de cabello. En el aparato respiratorio se presenta con asma, bronquitis o tos. Problemas musculares como las contracturas cervicales y los dolores a nivel lumbar. En el sistema circulatorio se manifiestan taquicardias, disnea e hipertensión arterial. En el sistema nervioso central, la presencia de cefaleas y migrañas. También, disfunciones sexuales y alteraciones en el ciclo menstrual de las mujeres.
  6. Aislamiento, pues evita ser el centro de atención, por lo que evade los momentos de convivencia con familiares y amigos. Ya que intenta esconder su enfermedad por los estigmas que lleva asociados: la debilidad y la incapacidad personal para afrontar sus propios problemas.
  7. Pérdida de interés en las actividades que le interesaban y anteriormente disfrutaba.
  8. Alteraciones de humor, manifestaciones espontáneas de ira e irritabilidad. Expresiones que aluden a  su lucha interna por ocultar un episodio doloroso de su vida que no ha sido resuelto.

Depresión enmascarada en la niñez y la adolescencia

La depresión oculta en la infancia y la adolescencia presenta sus propias particularidades, por lo que existe una mayor dificultad para ser diagnosticada en este rango de edad, así que la falta de tratamiento, repercute negativamente sobre el desarrollo personal, el rendimiento escolar y las relaciones sociales del niño o joven que la padece. Además aumenta el riesgo de cronicidad en la etapa adulta.

Principalmente se manifiesta en los niños:

  • A través de trastornos conductuales como rabietas y actitudes para llamar la atención.
  • Molestias psicosomáticas, alergias, dermatitis, asma y dolor abdominal.
  • Dificultades académicas debido a la falta de concentración y apatía.

En la juventud, los cambios biológicos, psicológicos y psicosociales complican el curso de la depresión, tornando problemático el diagnóstico y dificultando el tratamiento. Los adolescentes son más propensos a exhibir una conducta antisocial y agresiva, consumo de drogas, problemas escolares y deserción escolar.

La pérdida de algún miembro de la familia, el rechazo, el fracaso en las actividades desempeñadas y otras mermas aparentemente menores, no tienen que ser subestimadas por los adultos de su entorno, pues resulta primordial ser comprensivo con la percepción de pérdida del adolescente, ya que a veces lo que no resulta trascendente para las personas adultas, es de suma importancia para los más jóvenes.

Trastorno del estado de ánimo depresivo en la senectud

La depresión no forma parte del proceso de envejecimiento

Es díficil detectar la depresión en los adultos mayores por la presencia de enfermedades crónico degenerativas – imagen by Leroy_Skalstad

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que la depresión es el segundo trastorno más prevalente en los adultos mayores después de la demencia. Es un problema extendido, pero no por eso quiere decir que forma parte del envejecimiento. Pues la falta de tratamiento a menudo acarrea un dolor innecesario a las personas de la tercera edad y a sus familiares.

Los trastornos médicos progresivos y debilitantes, las pérdidas de familiares y amigos, la incapacidad para realizar actividades que disfrutaba, los recursos financieros limitados y la merma de independencia resultan factores predisponentes para la depresión en la vejez.

Aunque los síntomas usuales de depresión resultan más evidentes en esta etapa de la vida, los síntomas como fatiga, inapetencia y problemas para dormir también se relacionan con el proceso de envejecimiento o la presencia de un padecimiento de larga duración. De modo que esta enfermedad llega a ser confundida con otras afecciones que son frecuentes en la senectud.

Dada la prevalencia de este trastorno en la población mundial con alrededor del 10% según la OMS, es necesario contar con información acerca de esta problemática, pues las complicaciones más preocupantes son que los síntomas se hagan crónicos, las recaídas y el suicidio. Es importante reconocer este trastorno porque la persona que lo padece requiere de apoyo y ayuda profesional. El reto es identificar sus indicios, mantener una comunicación empática e intentar que obtenga el tratamiento necesario.

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