La caverna de Platón y la sabiduría reveladora

Uno de los elementos clave del mito más célebre de Platón, la caverna, expone insospechados simbolismos que revelan secretos para tener una experiencia interior más armónica con el cosmos.

Cual si se tratara de un arquetipo de la matriz materna, la caverna se hace presente en los principales mitos de origen de las culturas del mundo y en los mitos de iniciación y renacimiento de diversas etnias. La noción de caverna desde este enfoque primordial incluye antros y grutas, es decir, lugares rupestres o subterráneos, abovedados y ocultos en las entrañas de la tierra, las montañas y las tinieblas.

Lugar de iniciación

En los rituales iniciáticos de los antiguos griegos la caverna es una figuración del mundo. Para Platón ese espacio es un entorno de sufrimiento, desconocimiento y eterna tristeza. Es en donde las almas yacen encadenadas y presas por las divinidades, cual si se hallarán en una trampa ineludible.

De acuerdo a un famoso pasaje del diálogo La República escrito por Platón, los humanos habitan una suerte de recinto cavernoso ubicado en las entrañas de la tierra. Este espacio sumido en eternas penumbras tiene una enorme abertura por donde la luz puede pasar. En este misterioso habitáculo aparecen encadenados varios hombres, que representan a la humanidad entera. Forzados a permanecer en este mismo sitio, solo pueden observar lo que se proyecta frente a ellos. Un intenso pero distante fuego, desde lo alto, les presenta en los muros de la caverna juegos de sombras del mundo real.

La metáfora de lo real

Esa es la condición en la cual los humanos permanecen en la realidad material, según el filósofo Platón. La caverna es aquí una simbolización de nuestro mundo. La enigmática fuente de luz que hace surgir la proyección de sombras en los muros de la gruta señala la ruta ascendente que el alma debe transitar en su camino por alcanzar la verdad y la bondad.

Recorrer ese secreto camino hasta contemplar lo que allí brilla y perdura más allá del tiempo es la representación del logro más alto, la meta para quienes aspiran a lo más inteligible. Nuestra realidad apariencial queda representada de manera profunda y atinada por parte de Platón. Es una cárcel de la que el alma debe evadirse para contemplar el mundo auténtico, la realidad sempiterna y fundamentadora de las ideas.

La ruta secreta

Numerosos son los ritos de iniciación de los tiempos antiguos en los que el venerante debía transitar por una caverna o fosa. Es en cierto modo una especie de regreso al útero mencionado por Mircea Eliade, un experto en estos temas. Basta con recordar los misterios de Eleusis: la particular lógica de estos referentes simbólicos se interpretaba de manera literal. Quienes deseaban iniciarse en estos misterios debían ser inmovilizados con cadenas en el interior de una caverna de la cual debían escapar para finalmente ver la luz.

Se dice que Zoroastro fue quien consagró por vez primera una gruta en honor del dios Mitra. Era un recinto escondido, ornamentado con flores y vegetación variada. Buscaba representar nuestra realidad, el mundo que habitamos en la cotidianidad. Los pitagóricos y Platón se inspiraron en esto y por lo consiguiente pensaron en la realidad material como una especie de gruta o caverna. Precisamente de este modo la piensa Empédocles, el sabio presocrático.

Dimensión trascendental

Otro filósofo de la antigüedad, Plotino, piensa en la caverna también como un trasunto de nuestro mundo material. Es un entorno en donde se puede acceder a la más profunda inteligencia pero solo si se tiene la capacidad de liberar el alma propia de sus vínculos con la realidad física y así alcanzar esa dimensión trascendental donde lo Uno, lo más bello y verdadero, se revela, en el exterior de la caverna.

Una interpretación similar a la anterior, aunque con un sentido más místico, tiene a Dionisos como el guardián de la caverna y a la vez como aquella deidad que nos ayuda a escapar de ella. Y entonces, así como lo visualizaron Platón y Pitágoras, el alma está cautiva por sus pasiones más carnales y su único medio de escape se da a través del intelecto o nous. De tal modo que la tradición griega antigua relaciona la carga simbólica- moral y metafísica- de la caverna, con un espacio propicio para alcanzar una experiencia interior más armoniosa con el universo.

 

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